lunes, 6 de julio de 2026

Fisiología del hierro



Autor : Luis Fernández-Polanco Conderana

4º Curso Medicina grupo "D" (Curso 2025/26)

Código de trabajo : 2513-LFC




INTRODUCCIÓN



El hierro, desde el comienzo de su uso en la edad del hierro, ha sido identificado como una muestra de vitalidad y como sinónimo de civilización. Por contra, debajo de esta imagen de "inocencia biológica" que hemos asumido, encontramos un ion altamente reactivo que participa en algunas de las reacciones explosivas más violentas y tóxicas que la ciencia haya podido documentar.

Esto se explica gracias a la versatilidad electrónica que le permite su alternancia entre el estado ferroso (𝐹𝑒2+) y el férrico (𝐹𝑒3+), explicada en la reacción de Fenton.

𝑭𝒆𝟐+ + 𝑯𝟐𝑶𝟐 → 𝑭𝒆𝟑+ + 𝑶𝑯∙ + 𝑶𝑯−

En esta reacción, veremos como el hierro reacciona con el peróxido de hidrógeno para liberar radical hidroxilo (especie oxidante mas destructiva y reactiva hasta la fecha), siendo este el encargado de reaccionar en procesos como la reacción de la termita (reacción de alta energía donde el hierro presenta una violenta afinidad por el oxígeno, alcanzando los 2500ºC) hasta la ferroptosis, una devastadora forma de muerte celular férrica programada que trataremos en el siguiente repaso de la fisiología del hierro.



Importancia biológica e histórica del hierro


El hierro en la biología encuentra su reactividad química limitada, y se posiciona como un ion esencial para casi todos los organismos vivos. Lo encontramos, de este modo, coordinado por las cadenas laterales de ciertos aminoácidos como la histidina, la tirosina o el glutamato; en metaloproteínas encargadas de almacenar oxígeno, como la mioglobina; o en complejos macromoleculares de transporte sistémico, como la hemoglobina, entre otras muchas.

A pesar de su alta presencia en el suelo terrestre, lo encontramos en su forma férrica (de baja solubilidad) en las dietas vegetarianas o basadas en alimentos vegetales con una biodisponibilidad del 5-12%. Por el contrario, el hierro hemo (ferroso, la forma soluble antes mencionada) la encontramos en la carne de mamíferos, aves y peces, y se absorbe eficientemente, con una biodisponibilidad del 14-18%.

El organismo humano evolucionó en un entorno donde la deficiencia dietética de hierro era normal, y esto se refleja en los mecanismos de conservación y reciclaje interno del hierro. Aunque hoy lo suministremos de forma suficiente y nos podamos incluso exceder en el consumo de este, el organismo puede limitar la absorción dietética y evitar la toxicidad de la acumulación excesiva de hierro (1).


Células del Ciclo y Reciclaje del Hierro


En el humano adulto hay un promedio de 4 gramos de hierro en total, encontrándose mas de la mitad en la hemoglobina eritrocitaria. El resto lo encontramos de manera localizada en los órganos encargados del almacenamiento y transporte del hierro. 

Este ion es almacenado en forma de ferritina en los macrófagos hepáticos (que reciclan el Fe desde el bazo, liberado tras la eritroapoptosis, hasta la medula ósea, donde los macrófagos formarán los nidos eritroides, alrededor de los que se dispondrán los eritroblastos para obtener el hierro para formar el nuevo eritrocito). La ferritina es una proteína citoplasmática encargada del almacenamiento del hierro.

En el plasma encontramos solo 2-4 mg de hierro unido a la transferrina, una proteína transportadora. En el musculo lo encontramos almacenado en la mioglobina, una proteína que almacena O2 para su uso en los miocitos (1).

Finalmente, la hemoglobina de los hematíes acumula buena parte del hierro corporal.

De todas estas células mencionadas, la que más hierro acumula en proporción y con diferencia, como venimos diciendo, son los hematíes, con 1 mg/ml de volumen empaquetado. Es por esto que los hematíes lideran la tasa de reciclaje de hierro con unas cifras nada despreciables de 0,8% (15-20 mg) del total de hierro por día (teniendo en cuenta su vida media de 120 días de duración). Esto equivale a un 95% de hierro que es reciclado de esta manera (2).

Sorprendentemente, tras esta intensa reutilización del Fe por parte de nuestro organismo, hay algunas pequeñas perdidas normales de hierro (1-2 mg/ día) derivadas a la perdida de este por la descamación de células intestinales, cutáneas o por la pérdida de sangre menstrual en el caso de las mujeres. Estas pérdidas son compensadas con una mayor absorción de Fe dietético, representando un 5% de la renovación de hierro plasmático.



Imagen 1. Flujos principales de hierro y su regulación por hepcidina y ferroportina. 
El hierro en la transferrina se indica en azul, y el hierro en los eritrocitos en rojo. 
La hepcidina controla el flujo de hierro hacia el plasma induciendo la endocitosis y la 
proteólisis del exportador de hierro, ferroportina (marrón). (1)

En resumen, el organismo parece que mantiene una economía cerrada del hierro donde la absorción externa es mínima (1 a 2 mg/día) y el 90% de la demanda diaria es cubierta mediante el reciclaje de eritrocitos senescentes gracias a la acción de los macrófagos (2).



DISTRIBUCIÓN DEL HIERRO CORPORAL



Imagen 2. Eje homeostático sistémico y celular del hierro. 
Regulación de la absorción intestinal, el transporte plasmático y el reciclaje 
de hierro mediado por la interacción de la hepcidina hepática y la ferroportina tisular (5).


El hierro es absorbido por los enterocitos en el duodeno. 

El hierro no hemo en estado férrico es reducido por el citocromo b duodenal (DCYTB) a hierro ferroso, el cual puede ser transportado al interior de las células mediante el transportador de metales divalentes 1 (DMT1). 

Posteriormente, el hierro ferroso es liberado por los enterocitos a través de la ferroportina y oxidado bien por la hefaestina unida a la membrana, por ferroxidasas o por la ceruloplasmina (Cp).

En su estado férrico, el hierro puede cargarse en la transferrina, lo que permite su transporte por todo el organismo hacia las zonas de alta demanda de hierro, como la médula ósea, donde tiene lugar la producción de eritrocitos. 

Por otro lado, los eritrocitos senescentes son reconocidos y fagocitados por los macrófagos, siendo degradados a nivel intracelular. El hierro obtenido como parte de este proceso es secretado, almacenado en el interior de la ferritina o empleado como parte del pool o depósito de hierro lábil (3).

La hepcidina, el regulador maestro del metabolismo del hierro, es producida y secretada por los hepatocitos, donde su producción está regulada por los depósitos de hierro y los niveles de hierro plasmático. La hepcidina se une a la ferroportina (Fpn) e inicia así su internalización y degradación por parte de los enterocitos, macrófagos y hepatocitos, lo que se traduce en una reducción de los niveles de hierro en el plasma (4).


ABSORCIÓN INTESTINAL DEL HIERRO


Localización (Duodeno y yeyuno proximal)


La absorción de la mayor parte del hierro de la dieta se localiza de forma específica en el duodeno y en el yeyuno proximal. Esta delimitación anatómica y fisiológica responde a condiciones críticas del entorno intestinal:

La absorción del hierro depende estrechamente del estado físico del átomo de hierro. A pH fisiológico, el hierro se encuentra en su estado oxidado o férrico (Fe3+) el cual es altamente insoluble y tiende a formar óxidos que el organismo no puede absorber. El bajo pH del ácido gástrico que fluye hacia el segmento proximal del duodeno es indispensable para la homeostasis del hierro en el plasma. Este ambiente ácido permite que una enzima reductasa férrica unida a la membrana de la microvellosidad de los enterocitos, denominada citocromo B duodenal (Dcytb), reduzca eficazmente los iones férricos (Fe3+) insolubles en iones ferrosos (Fe2+) absorbibles (3).

Debido a la estricta necesidad de este gradiente ácido en el intestino proximal, el uso de fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP) como el omeprazol, reduce de forma severa la capacidad de absorción del hierro.


Hierro hemo y no hemo


El hierro disponible en la dieta humana se presenta en dos formas químicas cualitativa y cuantitativamente diferenciadas. Su absorción en el enterocito depende de manera absoluta de esta distinción estructural, la cual condiciona su solubilidad en la luz intestinal y su vulnerabilidad frente a factores externos.

Hierro Hemo

Este hierro proviene de fuentes alimentarias de origen animal, específicamente de la carne, las aves y los mariscos. Se encuentra integrado dentro de la estructura molecular de un grupo hemo, formando parte de las proteínas complejas hemoglobina y mioglobina. Para poder ser absorbido por el enterocito, el hierro debe mantenerse en estado ferroso (Fe2+) o presentarse protegido dentro de esta estructura proteica del hemo. El hierro Hemo es, con diferencia, la variante química más eficiente y más fácilmente absorbible por el organismo humano. Presenta una tasa de absorción neta muy elevada que oscila entre el 14% y el 18%, pudiendo llegar con algunos alimentos como los berberechos o las almejas hasta el 35% (las cuales aportan 24mg de hierro por cada 100g de producto ingerido).

A pesar de que el hierro hemo constituye una fracción minoritaria en la ingesta dietética total (predominantemente compuesta por alimentos vegetales o procesados), su altísima tasa de éxito en el transporte apical hace que represente el 10% o más de todo el hierro que el cuerpo logra absorber de manera efectiva (3).


Hierro No Hemo

Es la forma de hierro derivada de matrices vegetales (legumbres, verduras, cereales), así como de todos aquellos alimentos procesados que han sido artificialmente enriquecidos o fortificados con este mineral.

A pesar de su enorme abundancia relativa en el medio ambiente y en la dieta general, es una forma química sumamente inestable y difícil de absorber. El motivo bioquímico fundamental es que, en cuanto el hierro no hemo entra en contacto con el oxígeno, sufre un proceso de oxidación instantáneo que da lugar a la formación de óxidos de hierro altamente insolubles. Estos complejos cristalinos macromoleculares no pueden ser reconocidos ni procesados de forma directa por el aparato digestivo humano, quedando atrapados en la luz intestinal sin posibilidad de absorción.

Asimismo, para contrarrestar esta limitación física, los enterocitos humanos se ven obligados a poner en marcha una maquinaria enzimática específica en su membrana apical. El enterocito necesita regular y activar enzimas reductasas de superficie con el fin único de reducir el hierro férrico (Fe3+) insoluble a iones ferrosos (Fe2+) libres y solubles, que son los únicos capaces de atravesar el transportador de metales divalentes (DMT1) (3).


Repercusión Epidemiológica


El equilibrio entre estas dos formas de hierro es tan delicado que define la aparición de patologías a nivel global:

Aunque los requerimientos diarios absolutos del ser humano son relativamente bajos (basta con absorber 1 mg/10 mg de hierro total ingerido), el hierro se comporta frecuentemente como el nutriente que limita el crecimiento y desarrollo en la dieta. La baja tasa de absorción intrínseca del hierro no hemo explica por qué el consumo insuficiente o la baja biodisponibilidad de este mineral es la causa directa de la gran mayoría de las anemias detectadas en los países desarrollados, y de prácticamente la mitad de los casos de anemia reportados en las naciones no industrializadas.

Si bien la deficiencia es un problema de salud pública prioritario, el organismo debe regular con extrema rigidez la absorción de ambas variantes dietéticas para evitar el espectro opuesto: la sobrecarga de hierro. El exceso de hierro ferroso libre es altamente citotóxico debido a que desencadena la reacción de Fenton (ya mencionada en el apartado 1), un proceso químico donde el hierro libre cataliza la formación de radicales libres de hidroxilo dañinos. Estos radicales provocan estrés oxidativo severo, destruyendo lípidos de membrana, proteínas estructurales y ácidos nucleicos, lo que puede causar daños irreversibles en órganos diana como el corazón, el hígado y el sistema endocrino (3).

En los diferentes estudios realizados, se observan asociaciones positivas significativas entre la ingesta de hierro (productos cárnicos) con el cáncer de páncreas, pulmón (potenciado por mutágenos del cocinado) y mama en mujeres postmenopáusicas (incrementos del riesgo del 20-25%). La relación en el cáncer gastroesofágico sigue siendo controvertido debido a variaciones según el subtipo histológico y discrepancias entre los niveles de hierro dietético frente a los séricos. En varios subtipos tumorales se aprecia una marcada disparidad de riesgo según el sexo.

 

Absorción en el enterocito



Imagen 3. Mecanismos moleculares de la absorción de hierro
 en el enterocito duodenal (4)

El hierro no hemo férrico (Fe3+) es reducido a ferroso (Fe2+) por la ferrireductasa de membrana DCYTB e internalizado a través de DMT1, un proceso acoplado al gradiente de protones mantenido por el intercambiador NHE (lo veremos más adelante). El hierro hemo se internaliza en endosomas (con participación discutida de HCP1) y se degrada mediante la hemo-oxigenasa (HO). El hierro de la ferritina se procesa por vía lisosómica. 

Tras confluir en el pool intracelular, el hierro libre puede almacenarse en la ferritina citoplasmática o ser exportado a la circulación a través de la ferroportina 1 (FPN1) basolateral; este último paso requiere la reoxidación a Fe3+ mediada por la hefaestina (HEPH) para permitir la unión del metal a la transferrina plasmática. El soporte energético y el equilibrio iónico basal dependen de la bomba sodio-potasio ATPasa (4).




TRANSPORTE PLASMÁTICO DEL HIERRO



Generalidades


La transferrina es una glucoproteína plasmática sintetizada sobre todo en los hepatocitos y constituye una de las principales formas de transporte de hierro plasmático. La transferrina, más concretamente, es un péptido libre llamado apotransferrina, que al unirse al hierro circulante en el plasma sufre un cambio conformacional. Su función es tomar unir de manera reversible el hierro férrico absorbido a nivel intestinal o que haya sido liberado desde los depósitos tisulares para distribuirlo en los órganos que dependen del hierro para llevar a cabo sus funciones de manera correcta.

Concretamente, el principal lugar de transporte es la medula ósea dado que requiere del aporte de hierro para la síntesis de hemoglobina normofuncionante. Tal es la asociación que la totalidad del hierro plasmático está ligado a la transferrina, alcanzando una tasa de renovación del complejo transferrina-hierro de 10-12 veces al día, siendo principalmente para satisfacer las necesidades de la eritropoyesis. Cada molécula de transferrina posee dos sitios de unión de alta afinidad para Fe³⁺, lo que permite mantener el hierro en una forma soluble y que no afecte a nivel circulatorio de manera patológica.

Además, la transferrina no es solo un transportador sino que además cumple una importante función homeostática férrica limitando la disponibilidad de hierro libre y por tanto evitando que se generen especies reactivas de oxígeno y el daño oxidativo asociado a estas.

La transferrina se subdivide en tres subgrupos: la transferrina sérica, lacto transferrina y melanotransferrina. Como habíamos mencionado, todas estas proceden de la síntesis hepática y se distribuyen en distintas zonas del organismo. Las células epiteliales mucosas son las productoras de lactotransferrina, que se encuentra en secreciones corporales como la leche materna, con propiedades como es ser antioxidante y antiinflamatoria (5).



Transferrina y sus receptores. Mecanismo de internalización del hierro.


En el mundo de los mamíferos, la mayoría integran el hierro a través de endocitosis mediada por receptores de la proteína sérica transferrina. En este casi es sobre todo el TfR1 el receptor de transferrina el que culmina con la endocitosis. La transferrina diférrica se une al receptor -1 de la transferrina (TfR1), que es un homodímero en un complejo con el MHC de clase I, la HFE (la cual es deficitaria en hemocromatosis hereditaria) y la β 2-microglobulina.

TfR1 es ubicua mientras que TfR2 predomina a nivel hepático (su defecto también se ha asociado con hemocromatosis hereditaria). Esta se internaliza en la membrana junto con su receptor y el hierro es liberado a los endosomas. En el compartimento estromal se somete a esta unión a un pH ácido, que permite que se libere el Fe³⁺mientras que la unión apotransferrina-TfR1 vuelve a externalizarse en la membrana celular, y a pH neutro la apotransferrina se suelta de su receptor para continuar el ciclo.




Imagen 4. Ciclo endocítico de la transferrina y su receptor. 
La holotransferrina (Tf-Fe3+) se une al receptor de transferrina (TfR1), 
es internalizada por endocitosis y, tras la acidificación del endosoma, libera el hierro. 
El Fe3+ es reducido a Fe2+ por STEAP3 y transportado al citoplasma por DMT1. Posteriormente, la apotransferrina permanece unida al receptor y ambos son reciclados a la membrana plasmática (6).



Por otra parte, encontramos el transportador de metales divalentes (DMT1), encargado del transporte unido a protones. Este es miembro de la familia Nramp de transportadores metálicos y es una proteína con 12 dominios, el cual actúa de simportador acoplado a protones que se caracteriza por tener una estequiometria de 1 Fe2+:1 H+ (es decir, por cada átomo de hierro transporta un protón), interviniendo también de forma parecida en el metabolismo de otros metales divalentes como el manganeso.

Esta forma de liberación unida a protones es la mejor para la extracción del Fe2+ de medios ácidos como es el endosoma, y que así este pueda llegar a las mitocondrias para la conformación grupos hemo y por tanto hemoglobina (según la teoría de “besar y huir”, el hierro es cedido directamente desde los endosomas a las mitocondrias). Es por esta misma razón, que encontraron en el ratón de Belgrado (deficitario en el gen DMT1) que internaliza el hierro en el endosoma, pero no es capaz de externalizarlo, por lo que el Fe quedaba encerrado dentro del endosoma. Esto al ratón le causaba una anemia funcional, es decir, tenía hierro dentro de sus células, pero no podía usarlo.

Como ya se ha mencionado antes, esta también toma partido en la absorción intestinal del hierro, ya que el DMT1 está presente en el duodeno. El Fe3+ se reduce en el borde en cepillo por el citocromo B duodenal, y posteriormente se transloca el Fe2+ por DMT1 a través de la membrana apical (7).




ALMACENAMIENTO DEL HIERRO



La ferritina: estructura y funciones


La ferritina es probablemente la molécula de hierro más estudiada después de la hemoglobina. Esta es una proteína intracelular de almacenamiento de hierro, que se caracteriza por ser resistente a desnaturalizantes e incluso al calentamiento, superando incluso los 80ºC. Esta se encarga de contener núcleos de hierro grandes y densos en electrones y provoca anticuerpos de alta afinidad en tal de facilitar su reconocimiento así como su ubicuidad (8).

Las ferritinas son moléculas que se pliegan en formas de haz de 4-helice y al unirse forman una capa proteica casi esférica con simetría. Esta capa proteica es la encargada de albergar la gran cavidad donde van a almacenarse hasta 4000 átomos de Fe por molécula de ferritina. En conjunto su estructura y su función hacen que parezcan “jaulas de hierro” (9).

Para el almacenamiento del hierro primero se encargan de reaccionar con el Fe2+ e inducen su oxidación para que se depositen dentro de esa cavidad formando un oxohidróxido férrico. La reacción de oxidación es prácticamente análoga a la que ocurre en las células y de esta manera compacta hierro de forma segura y accesible.

Después de la hemoglobina, la ferritina es el mayor almacén de hierro. Sobre su liberación se sabe menos pero se sabe que el núcleo es muy estable en ausencia de agentes reductores, no intercambia moléculas y solo quelantes fuertes del hierro como pueden ser la desferroxamina, son capaces de provocar que se libere lentamente desde el núcleo.

La estructura de la ferritina está rigurosamente conservada en bacterias, plantas y animales, pero también lo están los estímulos básicos que regulan su expresión que son la disponibilidad del hierro y la respuesta al estrés oxidativo. Esto tiene una justificación clara, y es que la función principal y común de todas las ferritinas no es otra que secuestrar el hierro y consumir dioxígeno y peróxidos, eliminando el exceso de radicales libres. En caso de que no hubiera ferritina disponible por defecto patológico o porque los “almacenes” estuvieran llenos, se acumularía hierro y tendríamos como resultado el desarrollo de la reacción de Fenton, con la liberación de radicales reactivos propia. Esto produciría el ataque a los fosfolípidos de la membrana plasmática, causando la peroxidación lipídica masiva de membranas celulares y el colapso de los sistemas antioxidantes (glutatión). A través de este proceso la célula moriría y es lo que conocemos como ferroptosis (8).


Hemosiderina


La hemosiderina es una forma de almacenamiento intracelular del hierro que se genera cuando la cantidad de hierro supera la capacidad de almacenamiento de la ferritina. Se trata de un agregado insoluble y heterogéneo, compuesto por productos de degradación lisosomal de la ferritina, proteínas y hierro en forma férrica (Fe³⁺). Se localiza principalmente en los macrófagos del sistema reticuloendotelial y en los hepatocitos, constituyendo una reserva de hierro menos disponible para la movilización que la ferritina (8).


Regulación de la ferritina


En el metabolismo de la ferritina, la desintoxicación se ver favorecida por que la síntesis de proteínas adicionales de hierro favorece la entrada de este al citosol para su almacenamiento. Este sistema se llega a cabo después de la transcripción implicando la eliminación de un inhibidor traslacional llamadas proteínas de respuesta al hierro (IRP1 e IRP2) unidas a un elemento de respuesta al hierro (IRE) a la región traducida UTR del ARNm de la ferritina. El resultado de “quitar el freno” es una traducción rápida y marcada, la formación de ARNm y por tanto la codificación de la ferritina. De esta manera, siempre que entre hierro al citosol celular o se absorción directa mediante DMT1 y ZIP14 , habrá ferritina dispuesta a captarlo y con espacio suficiente, además de que se produce mas ferritina. Por el contrario, este sistema es bidireccional y cuando pierde o se elimina hierro, las concentraciones de ferritina y la expresión de esta disminuye.

Así el organismo, con un sistema dinámico y adaptativo, se prepara con moléculas de ferritina suficientes y sobrantes para poder hacer de almacén y desintoxicar para evitar o minimizar el daño oxidativo y, como resultado, el hierro intracelular que haya será el que determine la velocidad de producción de e la ferritina y sus concentraciones.

El principal regulador de la ferritina, por tanto, queda claro que es el hierro intracelular a través de la regulación de la producción del ARNm de ferritina, sin embargo, no solo regula la ferritina sino que también regula otras proteínas implicadas como el TfR1 (receptor de transferrina 1) que media la mayor parte de la absorción del hierro celular (como hemos visto en puntos anteriores), entre otras (como la ferroportina, δ-amino levulinato sintasa...).

Como ya hemos mencionado varias veces a lo largo de la revisión, los hepatocitos (es decir, el hígado) son el principal punto de almacenamiento y regulación del hierro, dado que aproximadamente un tercio del hierro lo encontramos en estos y en los macrófagos hepáticos del sistema reticuloendotelial hepático, almacenado en forma de ferritina principalmente y si las reservas son elevadas en forma de hemosiderina (10).



HOMEOSTASIS DEL HIERRO



Hepcidina, el regulador maestro del hierro


Tras haber mencionado las moléculas mas importantes en el metabolismo del hierro, no podíamos olvidarnos de su principal regulador. La hepcidina actúa como un regulador negativo sobre las reservas de hierro, de manera que cuando aumentan los niveles de hierro aumentaran los niveles de hepcidina producida por el hígado. Esta actuará sobre los sitios de absorción (enterocitos en el duodeno), sobre los sitios de almacenamiento (hepatocitos) y sobre el sitio de reciclaje (hepatocitos), consiguiendo así una disminución en la liberación de hierro de estos tejidos. De manera opuesta, si encontramos demanda eritropoyética, los niveles de hepcidina disminuirán para aumentar la disponibilidad de hierro para la producción de glóbulos rojos.




Imagen 5. Regulación de la expresión de proteínas FPN inducida por hepcidina
 durante cambios en los niveles sistémicos de hierro (11).



La hepcidina ejerce su función a través de la unión e inducción de internalización de la ferroportina (FPN), siendo este el único exportador de hierro conocido hasta el momento. La ferroportina la encontraremos en distintos tipos celulares como son los enterocitos, los macrófagos y los hepatocitos, y en estos esta será la responsable de sacar el hierro de las células.

A su vez, la hepcidina, está influenciada por una gran cantidad de estímulos externos e internos como son la hipoxia, la inflamación o la saturación de la transferrina.

En la siguiente tabla se recoge un resumen completo de la regulación del hierro (11) :


Tabla 1. Regulación del hierro según hierro intracelular 
en distintas situaciones (click para aumentar)





PARÁMETROS DE LABORATORIO DEL METABOLISMO DEL HIERRO


En esta tabla resumen extraída de los datos de uno de los estudios de los que se compone este trabajo (12) quedan reflejados los datos y valores normales de laboratorio básicos e interpretación de los mismos sobre el metabolismo del Fe.

 

Tabla 2. Resumen de los parámetros del metabolismo del hierro (12) (click para aumentar).




CONCLUSIONES


Como hemos visto, el hierro es de una importancia vital para muchos procesos biológicos, especialmente la síntesis de hemoglobina, por lo que su homeostasis ha de ser mantenida de forma estricta y regulada para evitar los extremos de déficit y de toxicidad.

Este equilibrio como observábamos iba a ser mantenido por la absorción a nivel intestinal, por el sistema de reciclaje reticuloendotelial (macrófagos) y el consumo de hierro por parte de la medula ósea para la eritropoyesis, siendo casi la totalidad de hierro utilizado para la nueva formación de eritrocitos el hierro reciclado por macrófagos.

En relación con las alteraciones de este sistema veremos patologías de gran importancia en la practica clínica como la anemia ferropénica, la anemia de trastornos crónicos y las sobrecargas férricas hereditarias o adquiridas, como la hemocromatosis. Aunque no las hayamos tratado en profundidad por no ser el tema a tratar, sí que nos dejan patente la importancia del mantenimiento del hierro a nivel fisiológico.

Finalmente, hemos podido observar como el metabolismo del hierro es un sistema altamente eficiente que guarda un riguroso equilibrio entre absorción, almacenaje, reciclaje y regulación hormonal determinando así la disponibilidad de hierro para la eritropoyesis y el mantenimiento de la homeostasis sistémica.




BIBLIOGRAFÍA


1. Ganz T. Systemic iron homeostasis. Physiol Rev. 2013;93(4):1721-1741.
 doi:10.1152/physrev.00008.2013.

2. Crichton RR, Wilmet S, Legssyer R, Ward RJ. Iron homeostasis: an anthropocentric perspective. J Trace Elem Med Biol. 2017;40:123-131. doi:10.1016/j.jtemb.2017.01.001.

3. Torti SV, Manz DH, Paul BT, Blanchette-Farra N, Torti FM. Iron and cancer. Annu Rev Nutr. 2018;38:97-125. doi:10.1146/annurev-nutr-082117-051732.

4. Gulec S, Anderson GJ, Collins JF. Mechanistic and regulatory aspects of intestinal iron absorption. Am J Physiol Gastrointest Liver Physiol. 2014;307(4):G397-G409. doi:10.1152/ajpgi.00096.2014.

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8. Arosio P, Ingrassia R, Cavadini P. Ferritins: a family of molecules for iron storage, antioxidation and more. Biochim Biophys Acta. 2009;1790(7):589-599. doi:10.1016/j.bbagen.2008.09.004.

9. Theil EC. Ferritin: the protein nanocage and iron biomineral in health and disease. Inorg Chem. 2013;52(21):12223-12233. doi:10.1021/ic400484n.

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11. Anderson ER, Shah YM. Iron homeostasis in the liver. Compr Physiol. 2013;3(1):315-330. doi:10.1002/cphy.c120016.

12. Pfeiffer CM, Looker AC. Laboratory methodologies for indicators of iron status: strengths, limitations, and analytical challenges. Am J Clin Nutr. 2017;106(Suppl 6):1606S-1614S. doi:10.3945/ajcn.117.155887.


jueves, 30 de abril de 2026

Anemias diseritropoyéticas congénitas

Autora : Elena S. R.

4º Curso de Medicina grupo "B" (curso 2025/26)

Código de trabajo : 2512-ESR



INTRODUCCIÓN


Definición y concepto


Las anemias diseritropoyéticas congénitas (ADC) constituyen un grupo heterogéneo e infrecuente de anemias hereditarias. Las anemias hereditarias están caracterizadas por poseer un trastorno selectivo en la maduración de la serie eritroide, es decir, una eritropoyesis ineficaz. Asimismo, también son características la anemia y las alteraciones morfológicas específicas de los precursores eritroides en la medula ósea y la sobrecarga de hierro.

Pese a ser poco frecuentes este tipo de enfermedades, el descubrimiento de la base molecular de este grupo de anemias ha ayudado a desentrañar aspectos novedosos de la biología celular de la eritropoyesis (1).

Epidemiología


Son un grupo de anemias infrecuentes, constan de una prevalencia estimada de 0,71 y 0,24 casos por millón de habitantes para las formas más frecuentes de este grupo de anemias, véase los Tipos II y I, respectivamente. Para algunos subtipos de este grupo heterogéneo de anemias congénitas solo se han descrito algunos casos aislados (2).




CLASIFICACIÓN


Se han distinguido tres tipos clásicos de anemias diseritropoyéticas congénitas. Sin embargo, existen casos en los que algunos pacientes con el fenotipo de ADC no encajan en ninguna de estas categorías.

Anemia diseritropoyética congénita Tipo I


Este tipo de anemia diseritropoyética congénita se presenta en la infancia o la adolescencia. La podemos clasificar en ADC Tipo Ia y ADC Tipo Ib (1).

Para la ADC Tipo Ia, la herencia autosómica recesiva se debe a mutaciones en el gen CDAN1 (15q15.2), que codifica la codanina-1, una proteína regulada por el ciclo celular e implicada en el ensamblaje de histonas.

En algunos pacientes, solo se identifica un alelo mutado de CDAN1.

En el caso de la ACD Tipo Ib, también caracterizado por herencia autosómica recesiva, encontramos otro gen que puede causar la enfermedad. Es el CDIN1 (15q14), en el que una nucleasa-1 interactúa con el gen anteriormente descrito. Originalmente se llamó al CDIN1, C15ORF41.

En esta variante de la enfermedad se produce anemia macrocítica moderadamente grave (aproximadamente 9 g/dL). A causa de esto, la hepatomegalia y la colelitiasis son bastante frecuentes. En el caso de la esplenomegalia, ésta aumenta con la edad.

Entre las manifestaciones fenotípicas pueden presentarse rasgos esqueléticos dismórficos, como la sindactilia que afecta a las manos y los pies, así como dedos supernumerarios, ausencia de uñas, talla baja, deformación de tórax, disqueratosis cutánea o déficits neurológicos.

Los pacientes presentan sobrecarga férrica y masas paravertebrales, la colelitiasis es menos frecuente, ya que la hemólisis periférica no es excesiva (4).

En el frotis de sangre se puede observar macrocitosis moderada con anisocitosis, anisopoiquilocitosis, eliptocitosis, dacriocitos, hematíes anormalmente contraídos con ocasional punteado basófilo y la presencia de eritroblastos circulantes (4).

En el análisis de la médula ósea podemos observar hiperplasia eritroide, megalocitosis y el puente de cromatina internuclear inusualmente largo (1). Las anomalías de la cromatina y los puentes internucleares son las alteraciones más características y específicas; aparecen a partir del estadio de proeritroblasto (4). En microscopía electrónica se evidencia la cromatina en esponja o en “queso suizo”, presente hasta en un 60% de los casos. Debida al ensanchamiento de los poros celulares con presencia de invaginaciones y protusiones de la membrana nuclear. (1) (2) (4)


Anemia diseritropoyética congénita Tipo II (HEMPAS)


Este tipo de anemia diseritropoyética congénita también es conocida como HEMPAS, acrónimo de “Multinuclearidad Eritroblástica Hereditaria asociada con una prueba Sérica Acidificada Positiva”. Es variante más frecuente de la ADC y su herencia es autosómica recesiva.

El gen responsable de la ADC Tipo II es el CADN2 o el SEC23B. Las formas de patogenia son bialelicas en la gran mayoría de los pacientes. El fenotipo de los pacientes parece relacionarse con el tipo de variante genética (4).

Esta enfermedad se manifiesta con anemia moderada normocítica y normocrómica. La ictericia, esplenomegalia, hepatomegalia y colelitiasis también pertenecen al grupo de síntomas característicos, debidos a la intensa actividad hemolítica de la enfermedad. El recuento de reticulocitos es muy bajo y en ausencia de transfusión la sobrecarga de hierro es el principal problema a largo plazo.

En esta enfermedad, la membrana eritrocitaria de los pacientes contiene patrones de complejos de carbohidratos alterados. Como consecuencia de la alteración en la glicosilación, las movilidades electroforéticas de las proteínas de membrana de los eritrocitos de los pacientes con HEMPAS se desvían más de lo normal, lo que podría indicar o un defecto genético en la N-acetilglucosaminiltransferasa II o de la alfamanosidasa II (4).

Un aspecto característico de esta enfermedad es el patrón de comportamiento de las células del paciente en pruebas serológicas. Las células se lisan por sueros compatibles con el grupo a pH 6.8 (prueba de Ham o del suero acidificado). Esto parece ser debido a un anticuerpo de aparición natural IgM fijador de complemento que puede retirarse por absorción con HEMPAS, pero no con células normales. Se desconoce el antígeno reconocido por el anticuerpo (3).

Otra característica importante de las células de estos pacientes es la fuerte reactividad de las células rojas con los autoanticuerpos anti-i. Las células HEMPAS se aglutinan y lisan más rápidamente que las células normales mediante aglutininas frías (anti-I y anti-i). La explicación a este suceso deriva de una fijación aumentada de anticuerpo (3).

En referencia a las manifestaciones histológicas de la enfermedad, se pueden apreciar la multinuclearidad y la cariorexis en el 15 a 20% de los eritroblastos tardíos, indicando que estas células ya no sintetizan ADN (3). La presencia de más de un 10% de eritroblastos nucleados y más de un 2% de núcleos en cariorexis es prácticamente diagnóstico de la enfermedad (4).

En el frotis de sangre periférica los glóbulos rojos circulantes presentan anisopoiquilocitosis con algún punteado basófilo, también se pueden encontrar unos pocos esferocitos irregularmente contraídos. Los reticulocitos están anormalmente bajos (0,1-5%; 25-100 x 109/L) (4).

En el estudio por microscopía electrónica la anomalía más típica que se detecta es la presencia de dobles membranas que están dispuestas paralelamente a la membrana citoplasmática en su cara interna y simulan una doble membrana continua (4).

Los estudios ferrocinéticos de este grupo de pacientes muestran una clara eritropoyesis ineficaz. Por otro lado, los depósitos de hierro y los niveles de hierro sérico generalmente están aumentados.

El diagnóstico de la HEMPAS se realiza mediante el cumplimiento de determinados criterios diagnósticos, existiendo criterios A y criterios B. Para el diagnóstico de la enfermedad son necesarios todos los criterios A y al menos un criterio B. Entre los criterios A se describen: anemia o ictericia congénita; eritropoyesis ineficaz; y el 10% o más de precursores eritroides binucleados. En cuanto a los criterios B encontramos la prueba de Ham positiva; anormalidad de banda 3 o 4, 5; y dobles membranas (4).

Este tipo de anemia diseritropoyética congénita actualmente no presenta tratamiento satisfactorio, sin embargo, se ha demostrado un beneficio parcial con la esplenectomía (3).



Anemia diseritropoyética congénita Tipo III


En la ADC Tipo III, la herencia es autosómica dominante en la variante familiar y autosómica variable en la forma esporádica, es decir, puede ser tanto dominante como recesiva.

Esta enfermedad cursa con anemia leve-moderada y reticulocitos normales o bajos. La anemia tiene un componente de hemólisis intravascular que produce hemoglobinuria con hemosiderinuria. En este caso no se produce el acúmulo de hierro propio de los otros tipos de ADC (4).

En el frotis de sangre periférica del tercer tipo de ACD se observa una gran anisopoiquilocitosis con macrocitosis, esquistocitos, hematíes irregularmente contraídos. Los eritroblastos medulares son multinucleados. En el aspirado de médula ósea encontramos eritroblastos gigantes con punteado basófilo grueso y hasta doce núcleos.

En los eritroblastos anómalos podemos observar la precipitación de cadenas beta. El defecto en los precursores eritrocíticos es intrínseco a la célula madre (3).

El gen KIF23 (15q21-25) está relacionado con los casos de herencia dominante. Los genes que provocan los casos de herencia recesiva son desconocidos hasta la fecha.

En microscopía electrónica podemos observar hendiduras o grietas intracelulares cerca de la membrana celular interna, éstas aumentan con la maduración. Asimismo, se pueden ver núcleos de contorno irregular o lobulado.

 

Otras formas de anemia diseritropoyética congénita


A lo largo de los años se han descrito casos de anemia diseritropoyética congénita que no concuerdan con ninguno de los tres tipos ya descritos, se ha sugerido la designación de un cuarto tipo (3).

La ADC Tipo IV presenta herencia autosómica dominante, así como casos “de novo”. Los pacientes muestran anemia hemolítica grave de debut neonatal o infantil, con diseritropoyesis asociada que necesita transfusiones periódicas, especialmente en los primeros años de vida.

La anemia es normocítica y los reticulocitos son normales o elevados. Estos pacientes, al igual que en la ADC Tipo I y II, desarrollan sobrecarga férrica.

Este tipo de ADC se asocia a mutaciones del gen KLF1 o EKLF, siendo el único descrito hasta ahora.

En el frotis en sangre periférica observamos anisopoiquilocitosis con intensa eritroblastosis. La hemoglobina fetal está aumentada y en algunos casos incluso se ha descrito que persisten las cadenas épsilon y zeta-globina embrionarias.

En el aspirado de médula ósea se evidencia hiperplasia eritroide con características similares al tipo II y tipo III. En microscopía electrónica vemos rasgos mixtos del tipo I y tipo II, con duplicación de membranas e invaginaciones de la membrana nuclear (4).

Además de esta nueva variante “ADC Tipo IV”, también se han descrito otras anemias diseritropoyéticas congénitas como las siguientes: estomatocitosis hereditaria con diseritropoyesis, Síndrome de Majeed, anemia diseritropoyética congénita e insuficiencia pancreática exocrina e hiperostosis craneal, déficit de mevalonato cinasa y ADC con inclusiones intracitoplasmáticas (4).



Figura 1. Tabla comparativa entre las diferentes 
variantes de la anemia diseritropoyética congénita
*Referencia bibliográfica (2)
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DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL


El diagnostico diferencial de este grupo de patologías se realizará con las anemias congénitas que presentan rasgos displásicos a nivel de la médula ósea. Esto es bastante frecuente en casos de enzimopatías y algunas membranopatías.

La ADC Tipo II, al presentar características hemolíticas puede confundirse con la esferocitosis hereditaria. La ADC Tipo II se ha de sospechar en los casos en los que no se detecten progenitores afectados, con reticulocitosis leve (<150000/mcL), con más hiperbilirrubinemia que reticulocitosis, y frotis de sangre con presencia de anisopoiquilocitosis. Somos capaces de diferenciar estas dos enfermedades gracias a la citología de un aspirado de médula ósea.

Deben descartarse todas las causas de diseritropoyesis adquiridas: déficit de vitamina B12 y ácido fólico, desnutrición proteico-calórica, enfermedades agudas graves, alcoholismo, toxicidad por metotrexato y otros quimioterápicos, síndrome mielodisplásico de afectación unilineal, anemia aplásica, enfermedad hepática grave, hemoglobinuria paroxística nocturna, enfermedades autoinmunes, intoxicación por arsénico, receptores de trasplantes e infecciones (VIH, parvovirus).


TRATAMIENTO


El único tratamiento curativo para las anemias diseritropoyeticas congénitas es el trasplante alogénico de progenitores hematopoyeticos. La indicación del tratamiento dependerá de la gravedad con la que curse la anemia. (4) Este procedimiento se ha realizado en aproximadamente 69 pacientes (sobre todo Tipo I y Tipo II), con el uso de un donante hermano HLA- idéntico como fuente de progenitores hematopoyéticos y con acondicionamientos mieloablativos. Los mejores resultados fueron los obtenidos en los pacientes con un donante hermano idéntico y sin sobrecarga férrica (2).

Por otro lado, se empleará un tratamiento específico para cada trastorno asociado a las ADC. En el caso de la anemia se empleará el uso de transfusiones para los casos graves (Hemoglobina < 7 g/dL) pudiendo ser necesaria intraútero, de forma periódica u ocasional en caso de anemia aguda. Ante el incremento de la eritropoyesis se suministrará a los pacientes con folato.

En todos los pacientes que son transfundidos crónicamente, así como en los pacientes que no precisan de transfusión, se debe vigilar la sobrecarga férrica, y si se precisa tratamiento de ésta se habrá de seguir las guías de quelación.

La esplenectomía está únicamente recomendada en los pacientes con anemia diseritropoyética congénita Tipo II y anemia grave, así como en aquellos que padezcan de esplenomegalia sintomática. Tras la esplenomegalia el incremento de hemoglobina es discreto.

Está en estudio el tratamiento con interferón-α, pues parece ser efectivo en pacientes con la mutación CDAN1.

Para pacientes con anemia diseritropoyética congénita Tipo II se están desarrollando estudios con terapia génica y con inhibidores de la vía ActRIIA/B (2).



BIBLIOGRAFÍA



1.- Manual de Hematología de Williams, 10.ª edición. Marshall A. Lichtman, Kenneth Kaushansky, Josef T. Prchal, Marcel M. Levi, Linda J. Burns, David C. Linch


2.- Manual Práctico de Hematología Clínica. Miguel A. Sanz y Enric Carreras.


3.- Williams Hematología. 6ª. Edición. Ernest Beutler, Marshall A. Lichtman, Barry S. Coller, Thomas J. Kipps, Uri Seligsohn.


4.- Bases del Diagnóstico en Hematología. J.L. Vives Corrons, J.F. Nomdedeu Guinot



martes, 21 de abril de 2026

Caracterización por citometría de flujo de las leucemias agudas

 


Autor : Francisco Javier López Villanueva

4º Curso de Medicina grupo "B" (curso 2025/26)

Código de trabajo : 2511-FLV



Conceptos Básicos de las Leucemias Agudas


Las leucemias agudas son proliferaciones clonales malignas de células hematopoyéticas inmaduras de tipo blástico que pueden afectar médula ósea, sangre periférica u otros tejidos. Podemos comenzar a hablar de leucemias agudas cuando encontramos un 20% o más de blastos en la médula ósea o sangre periférica. Además, distinguiremos 2 tipos fundamentales de leucemias en función de la línea hematopoyética afectada: las mieloblásticas, en las que la proliferación neoplásica corresponde a células de la línea mieloide (granulomonocítica, eritroide o megacariocítica), y las linfoblásticas, que afectan a los precursores linfoides (1).


Incidencia y Etiología


La incidencia de leucemia aguda en la población general es de 1 a 3 casos por cada 100.000 habitantes y año, con un ligero predominio masculino. La leucemia mieloide aguda tiene una incidencia que aumenta exponencialmente con la edad, mientras que la leucemia linfoide aguda es más frecuente en el paciente pediátrico. Esta última constituye el 15 – 20% de las leucemias agudas en el adulto (1).

Se desconoce la etiología de las leucemias agudas, aunque se sabe que los factores genéticos juegan un papel relevante en su aparición, ya que ciertas patologías congénitas como el síndrome de Down o la anemia de Fanconi asocian un riesgo leucémico aumentado. En cuanto a agentes externos implicados, la radiación y el benceno ocupan un lugar importante (1). Las infecciones virales (HTLV-1, VEB), los antecedentes de trastornos hematológicos y el tratamiento previo con algunos antineoplásicos también se han asociado a la aparición en algunas ocasiones de leucemias agudas (2).


Manifestaciones clínicas de las leucemias mieloblásticas agudas (LMA)


Los síntomas se deben al fallo medular por la proliferación leucémica y la infiltración de órganos y tejidos. Esta infiltración va a causar una interrupción de la hematopoyesis, provocando pancitopenias. El 80 – 90% de paciente presentará anemia normocítica normocrómica y trombopenia, las cuales pueden manifestarse provocando debilidad, palidez o diátesis hemorrágica, entre otros. La neutropenia estará presente en el 30 – 50% de enfermos y se manifestará a través de infecciones recurrentes o fiebre.

Además, los blastos pueden invadir la dermis causando normalmente lesiones papulonodulares indoloras y no pruriginosas. La infiltración de otros órganos es menos común en la LMA pero puede causar adenopatías y visceromegalias en el 10% de los pacientes. La infiltración meníngea es excepcional (1, 3).


Manifestaciones clínicas de las leucemias linfoblásticas agudas (LLA)


Las manifestaciones clínicas van a ser inespecíficas y muy similares a las de la LMA, ya que la pancitopenia es también muy frecuente en este tipo de leucemias agudas. Sin embargo, en la LLA hasta el 50% de los pacientes va a presentar adenopatías, esplenomegalia y hepatomegalia. También es frecuente la aparición de una masa mediastínica, la cual corresponde en casi todos los casos a un fenotipo inmunológico T. La afección neuromeníngea es más frecuente en este tipo de leucemias agudas con el 5 – 10% de los pacientes afectados, la cual provocará cefaleas, papiledema y parálisis de pares craneales (1, 4).


Clasificación de las leucemias mieloblásticas agudas (LMA)


En el año 1976 un grupo de expertos franceses, estadounidenses y británicos (FAB) decidió dividir las LMA en 8 subtipos, nombrados desde M0 a M7, según el tipo de célula del cual la leucemia se desarrolla (1, 5).


Tabla 1. Clasificación FAB de las LMA. Extraída de (6).


Sin embargo, la clasificación FAB no tomaba en cuenta muchos de los aspectos que actualmente se sabe que afectan al pronóstico. Debido a esto, la OMS realizó otra clasificación en 2016 teniendo en cuenta estos factores (5).


Tabla 2. Clasificación OMS de las LMA. Extraída de (6).


 

Clasificación de las leucemias linfoblásticas agudas (LLA)


Del mismo modo, el Grupo Cooperativo Franco-Americano-Británico (FAB) desarrolló una clasificación de las LLA basándose en la manera en que las células leucémicas lucían en el microscopio. Este sistema ha sido reemplazado por otras clasificaciones debido a que las nuevas técnicas de laboratorio permiten clasificar este tipo de leucemias con mayor precisión (7).


Tabla 3. Clasificación FAB de las LLA. Extraída de (8).


Posteriormente, la OMS realizó de nuevo otra clasificación de las LLA en 2016 separando dentro de estas 2 entidades: leucemias de precursores B y de precursores T. Dentro de esta distinción, los médicos descubrieron que las pruebas citogenéticas, la citometría de flujo y otras pruebas de laboratorio proporcionan información más detallada sobre el subtipo de LLA y el pronóstico de esta, realizando una clasificación en función del riesgo citogenético y molecular y otra en función del inmunofenotipo de la célula causante de la leucemia. De esta última clasificación nos encargaremos más adelante (1, 7).


Diagnóstico de las leucemias agudas


En base a lo expuesto anteriormente, se puede deducir que para el diagnóstico de las leucemias agudas serán necesarios un hemograma completo, un frotis de sangre periférica, un examen de médula ósea y, por último, estudios histoquímicos, citogenéticos e inmunofenotipado.

El hemograma, el frotis y el examen de médula ósea nos permitirán observar pancitopenias y un porcentaje ≥ 20% de blastos de la célula causante de la leucemia en sangre periférica o en la médula ósea.

Los estudios histoquímicos nos permitirán diferenciar los blastos de la leucemia linfoblástica y mieloblástica. Por otra parte, los estudios citogenéticos nos permitirán descubrir posibles alteraciones en los cromosomas y asociar a estas un mejor o peor pronóstico de la enfermedad. Por último, el inmunofenotipado se realizará principalmente a través de una citometría de flujo y nos permitirá caracterizar con exactitud el linaje y madurez de la célula leucémica a través de los antígenos que expresen estas células en su superficie (3, 4).

 

Principios de la Citometría de Flujo


La medición de las características físicas y químicas de las células se conoce como citometría. Esta medición puede realizarse de diversas formas, pero cuando se analizan las características de las células mediante una fuente de excitación mientras circulan en una corriente líquida se denomina citometría de flujo (CMF).

La gran difusión que ha tenido la CMF en la práctica médica se ha debido a cuatro aspectos fundamentales:
  • El desarrollo de anticuerpos monoclonales y la demostración de su importancia en el diagnóstico y pronóstico de enfermedades.
  • El perfeccionamiento de la tecnología basada en el empleo de luz láser.
  • La revolución de los sistemas informáticos.
  • El continuo desarrollo de nuevos fluorocromos.

El análisis de las células sanguíneas mediante inmunofluorescencia se basa en el empleo de los anticuerpos monoclonales para identificar los antígenos de diferenciación celular y en la detección posterior de la inmunofluorescencia mediante sistemas de detección. En resumen, el citómetro mide las características celulares a través de los cambios observados tras la interacción entre la luz emitida por un foco y la célula (9).

 
Componentes y Funcionamiento de la CMF


Para realizar estos análisis, los citómetros disponen de un sistema hidráulico para la circulación de las células en un flujo continuo monocelular, un sistema lumínico láser que incidirá sobre las células, un sistema óptico y eléctrico que recoge la luz dispersada y un sistema informático para almacenar y procesar los datos.

El primer paso del proceso lo lleva a cabo un sistema de fluidos, constituido por la cámara de flujo, punto central del citómetro, el cual se encarga de conseguir que las células pasen una por una por el punto de interrogación. Algunos citómetros también incorporan una unidad de separación o cell sorter que, además de analizar las células, permitirá separar físicamente subpoblaciones de una muestra en función a sus características morfológicas y de fluorescencia.

La interacción entre la célula y la luz láser se producirá en la cámara y la dispersión lumínica será recogida por los detectores de los diversos parámetros. Estos detectores se sitúan en la misma dirección de la luz incidente, denominada forward angle light scatter (FSC) o dispersión frontal de luz; de forma perpendicular (90º) a la luz incidente, denominada orthogonal scatter o side scatter (SSC) o dispersión lateral de luz; y por último están los detectores de fluorescencia (FL). El FSC reflejará el tamaño celular y el SSC reflejará la complejidad celular, lo cual incluye la granulación, características de membrana y presencia de estructuras internas.

El empleo de sustancias fluorescentes permitirá observar otras propiedades celulares. La mayoría de los citómetros actuales disponen de detectores para varias fluorescencias. Los detectores de fluorescencia recogerán la luz de determinadas longitudes de onda. Por último, la señal recibida en estos sistemas ópticos será amplificada por fotomultiplicadores y convertida a lenguaje analógico para ser procesada por el sistema informático incorporado al citómetro (9, 10).


Empleo de Láseres y Fluorocromos


Como hemos dicho previamente, la tecnología de la CMF nos permite medir la fluorescencia asociada a células que han sido previamente marcadas con anticuerpos monoclonales ligados a fluorocromos, como por ejemplo CD3-FITC, donde CD3 representa un anticuerpo monoclonal que reacciona contra ese determinado antígeno de superficie celular y FITC representa un fluorocromo. Los citómetros de flujo también son capaces de medir la disminución de sondas fluorescentes.

Es necesario tener en cuenta que estos fluorocromos y conjugados comerciales generalmente se excitan sólo por un tipo de láser que emite luz a una determinada longitud de onda. Normalmente, los citómetros poseen un láser que excita a 488 nm (láser de argón azul) y que permite la excitación simultánea de fluorocromos como FITC, cuyo pico de emisión es de 525 nm, o PerCP, que emite a 675 nm. Cada pico de emisión será leído por detectores distintos. Sin embargo, se pueden emplear otros láseres como un láser rojo HeNe, que emite luz a 633 nm, o láser violeta, que emite luz a 405 nm, entre otros.

Por último, es muy importante ajustar los parámetros del citómetro y compensar correctamente para evitar solapamientos entre las emisiones de cada uno de los fluorocromos. Para esto se pueden usar controles de fluorescencia, que consisten en anticuerpos monoclonales sin reactividad específica y que están ligados al mismo fluorocromo que el anticuerpo a analizar. Posteriormente, se compararán las fluorescencias obtenidas en las células unidas al anticuerpo monoclonal a estudiar con los resultados de los controles de fluorescencias para delimitar la positividad o negatividad de la muestra (9, 11).


Imagen 1. Componentes básicos de un citómetro de flujo. Extraída de (10).

 

Interpretación de Resultados


El citómetro permite definir y cuantificar poblaciones heterogéneas gracias a la medición de diversos parámetros. El análisis de datos de la citometría de flujo se basa en el principio del sistema de ventanas, donde cada punto que aparezca en el gráfico representa una célula. En general, la ventana se realiza en la señal de FSC y SSC, pero puede realizarse en las fluorescencias. Al correlacionar FSC y SSC, se pueden diferenciar las poblaciones de linfocitos, monocitos y granulocitos por sus diferencias en tamaño (FSC) y complejidad (SSC) (9, 12).

Además, los datos recogidos por el citómetro de flujo suelen analizarse utilizando 2 tipos de gráficas diferentes:

Histogramas: muestran la intensidad de expresión de un marcador. El desplazamiento de la curva hacia la derecha indica mayor expresión del marcador, mientras que la altura del pico indica cuántas células han sido capturadas expresando con determinada intensidad dicho marcador (13).


Imagen 2. Histograma. La población de células positivas al marcador CD44
 está representado por el pico de la derecha. Extraída de (13).


Gráfica de puntos: muestra la relación entre 2 marcadores diferentes y muestra a cada uno como un evento (cualquier partícula que haya sido excitada por el láser) (13).


Imagen 3. Gráfica de puntos. Compara FSC en abscisas 
vs SSC en ordenadas. Extraída de (12).

 

Aplicaciones de la Citometría de Flujo


La CMF nos permite analizar varios tipos de células, abarcando desde la plaqueta hasta el megacariocito. Además, nos permite analizar entre 5.000 y 300.000 células de un espécimen, llegando a detectar hasta 1.000 moléculas por célula. Esto último es especialmente útil para conocer el número de determinantes antigénicos de un espécimen siempre y cuando utilicemos un anticuerpo monoclonal marcado con un fluorocromo válido para la detección de este y apto para las características del citómetro, es decir, que se excite con la longitud de onda del láser y emita dentro de los límites de onda detectables por su sistema.

Esto último es especialmente importante ya que, en hematología, la aplicación más usual del citómetro de flujo va a ser la inmunofenotipificación, la cual sirve para el estudio de antígenos de superficie para el diagnóstico de las leucemias agudas y crónicas, así como la caracterización de sus poblaciones linfocíticas.

Sin embargo, la CMF no sustituye a otras técnicas de laboratorio para la detección de antígenos nucleares o citoplasmáticos, como la enzima nuclear Tdt o la presencia de mieloperoxidasa (MPO). Además, cuando la población patológica representa un pequeño porcentaje del total, su interpretación por citometría puede ser difícil (9).

 

Antígenos de Diferenciación


Como se puede suponer, la llegada de la tecnología de los anticuerpos monoclonales revolucionó la clasificación de los antígenos de superficie celular. Estos permitieron el estudio e identificación de moléculas de superficie linfoides o mieloides específicas que se desconocían previamente. Sin embargo, al crecer el número de anticuerpos monoclonales específicos de antígenos de diferenciación de la superficie celular, se hizo patente la necesidad de una normalización internacional. De este modo, a un antígeno reconocido por un conjunto de anticuerpos se le asigna un número de CD (cluster of differentation) o grupo de diferenciación (14).

De este modo, gracias al uso de anticuerpos monoclonales que reconocen CD distintos, se puede caracterizar a las leucemias agudas en linfoides o mieloides en base a los antígenos de superficie que expresan sus células ya que cada línea expresará antígenos específicos de ese linaje. Además, los CD también permiten averiguar la madurez de las células leucémicas ya que en la hematopoyesis, conforme las células maduran, estas dejan de expresar unos antígenos de superficie y pasan a expresar otros.

En base a este principio, la OMS en 2016 caracterizó a las leucemias en mieloides o linfoides en base a los antígenos que expresan. Además, como hemos dicho anteriormente, también realizó en ese mismo año una clasificación de las LLA según si la célula leucémica pertenece a la línea B o T y, dentro de estas, si la célula pertenece a un estadio evolutivo con mayor o menor madurez.



Tabla 4. Panel de anticuerpos monoclonales específicos de línea 
para la clasificación de las leucemias agudas (OMS). Extraída de (1).



Tabla 5. Clasificación por inmunofenotipo de las LLA. Extraída de (15).



BIBLIOGRAFÍA


1. Sans-Sabrafen J, Besses Raebel C, Vives Corrons JL. Hematología Clínica. Quinta Edición. Elsevier; 2006.

2. Manual MSD versión para profesionales [Internet]. [citado 17 de marzo de 2026]. Generalidades sobre las leucemias - Hematología y oncología. Disponible en: https://www.msdmanuals.com/es/professional/hematología-y-oncología/leucemias/generalidades-sobre-las-leucemias

3. Manual MSD versión para profesionales [Internet]. [citado 18 de marzo de 2026]. Leucemia mieloide aguda (LMA) - Hematología y oncología. 
Disponible en: 
https://www.msdmanuals.com/es/professional/hematología-y-oncología/leucemias/leucemia-mieloide-aguda-lma

4. Manual MSD versión para profesionales [Internet]. [citado 18 de marzo de 2026]. Leucemia linfoblástica aguda (LLA) - Hematología y oncología. 
Disponible en: 
https://www.msdmanuals.com/es/professional/hematología-y-oncología/leucemias/leucemia-linfoblástica-aguda-lla

5. ¿Cómo se clasifica la leucemia mieloide aguda? [Internet]. [citado 18 de marzo de 2026]. 
Disponible en: https://www.cancer.org/es/cancer/tipos/leucemia-mieloide-aguda/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/como-se-clasifica.html

6. Lagunas-Rangel FA. Leucemia mieloide aguda. Una perspectiva de los mecanismos moleculares del cáncer. GAMO. 1 de mayo de 2016;15(3):150-7. doi:10.1016/j.gamo.2016.05.007

7. Subtipos y factores pronósticos de la leucemia linfocítica aguda [Internet]. [citado 18 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.cancer.org/es/cancer/tipos/leucemia-linfocitica-aguda/deteccion-diagnostico-clasificacion-por-etapas/como-se-clasifica.html

8. Pico Sánchez DF, Rosero Freire DA. Bionatura journal [Internet]. [citado 18 de marzo de 2026]. De la microscopía a la secuenciación genética: La evolución en las técnicas de diagnóstico de la Leucemia Linfoide Aguda. Disponible en: http://bionaturajournal.com/2025.02.01.11.html

9. Vives Corrons JLl, Aguilar Bascompte JL. Manual de Técnicas de Laboratorio en Hematología. 3a Edición. Elsevier; 2006.

10. Cajal I. Neurobaraja: comodin de oros. Instituto Cajal - CSIC [Internet]. 1 de febrero de 2024 [citado 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://cajal.csic.es/neurobaraja-comodin-de-oros/

11. Citometría de flujo | British Society for Immunology [Internet]. [citado 21 de marzo de 2026]. Disponible en: 
https://www.immunology.org/es/public-information/inmunolog%C3%ADa-bitesized/experimental-techniques/citometria-de-flujo

12. ¿CUÁNTO SABES ACERCA DE LA CITOMETRÍA DE FLUJO? [Internet]. 19 de enero de 2022 [citado 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://cscmetabolism.com/2022/01/19/cuanto-sabes-acerca-de-la-citometria-de-flujo/

13. Uriostegui P, Nelly L. Fundamentos de citometría de flujo. 2022.

14. Beutler E, Lichtman MA, Coller BS, Kipps TJ, Seligsohn U. Williams Hematología. 6a Edición. Vol. 1. Marbán; 2005.

15. Moreta, V, Rosero D. Bionatura journal [Internet]. [citado 20 de marzo de 2026]. Avances en inmunoterapia para leucemia linfocítica aguda: integración de terapias con células car-T y otras estrategias inmunológicas. Disponible en: http://bionaturajournal.com/2025.02.01.15.html


lunes, 13 de abril de 2026

Aplasia medular adquirida idiopática


Autora : Claudia Denia Cebrián

4º Curso de Medicina grupo "B" (curso 2025/26)

Código de trabajo : 2510-CDC



INTRODUCCIÓN


La anemia aplásica medular (insuficiencia medular, anemia normocítica normocrómica) se conoce como la interrupción de la producción de células sanguíneas, produciendo un síndrome hematológico anormal (pancitopenia debido a una disminución de la hematopoyesis, supresión de médula ósea hipocelular) (1).

La anemia aplásica idiopática constituye más del 50% de casos de anemia aplásica adquirida, por lo que es la forma más frecuente. De esta manera, la mayoría de las estrategias terapéuticas de la anemia aplásica idiopática van dirigidas a la anemia aplásica en general (2).

La alteración puede ser tanto de la célula stem como del micromedioambiente que la sustenta. La incidencia anual es de 2-5 casos por millón de habitantes (2).

Es una enfermedad relativamente rara, infrecuente durante el primer año de vida, con un aumento progresivo de la incidencia hasta los 20 años y una meseta entre los 20 y los 60 años, seguido de un incremento después de la edad de los 60 años. Hay predisposición genética en algunas familias (3).

Respecto al diagnóstico diferencial, se hace con la pancitopenia y la médula ósea hipocelular (3).

En este artículo, trataremos de centrarnos en su clínica, clasificación, pruebas diagnósticas y el tratamiento de la anemia aplásica medular idiopática, siendo este último el objetivo principal del trabajo.

De forma general, debemos saber que la fisiopatología está mediada por linfocitos T citotóxicos tipo 1, considerándose inmunomediada. La mayoría de los casos se identifican en etapas avanzadas (1).


ETIOLOGÍA


De forma específica, la etiología de la anemia aplásica es la siguiente:

-Idiopática (primera causa) (3).

-Fármacos y toxinas (segunda causa): la producen tanto por un mecanismo dosis-dependiente como idiosincrásica, y un único fármaco puede actuar de ambos modos bajo condiciones inapropiadas. La exposición a radiación produce aplasia medular en relación con la dosis acumulativa (3). Entre ellos, podemos destacar, benzol, pinturas, barnices, insecticidas (4).

-Infecciones:
  1. Hepatitis viral: la aplasia medular tiene lugar desde semanas hasta 8 meses después del establecimiento de la hepatitis. Se asocia a la hepatitis C, y a hepatitis generalmente grave, con una supervivencia a largo plazo menor del 10% para los pacientes que son atendidos con cuidados sintomáticos, pero se considera que responden a una terapia inmunosupresora (3).
  2. Citomegalovirus, mononucleosis, VIH.
  3. Parvovirus: parece ser tóxico para los precursores eritrocitarios. Causa aplasia en pacientes que padecen la enfermedad de células falciformes u otras anemias hemolíticas crónicas (3).
  4. Infecciones no virales, como la tuberculosis, puede asociarse con pancitopenia, aunque no suele afectar a la médula ósea (3).
-Hemoglobinuria paroxística nocturna: se caracteriza por una mutación en el gen PIG-A, por lo que hay una deficiencia de fosfatidilinositol glicano de las proteínas de anclaje celular (típicamente CD55 y CD59). Se suele manifestar en pacientes que ya han sido tratados con inmunosupresores (3).

-Mielodisplasia: el riesgo de aparición aumenta en pacientes que son tratados con múltiples ciclos de terapia inmunosupresora. Como complicación tardía se manifiesta la leucemia aguda (3).

-Anemia de Fanconi o anemia aplásica constitucional: el fallo se produce en la médula ósea en los primeros 10 años de vida y se asocia a otras anomalías fenotípicas (pigmentación cutánea, hipoplasia renal o esplénica, hipoplasia del pulgar o radio, microcefalia, retraso mental). En estos pacientes aumenta la incidencia de leucemia mieloide aguda. Los fibroblastos y linfocitos son susceptibles a brechas, roturas, endorreduplicación e intercambios cromáticos (3).

-Anemia aplásica familiar (3).

-Miscelánea: se han descrito casos asociados a embarazo y timoma. También a disqueratosis congénita (enfermedad recesiva ligada al cromosoma X) (3).

 

CLÍNICA (2)


-Síndrome anémico: debilidad y fatiga.

-Síndrome infeccioso: siendo difícil a veces localizar el foco (por ejemplo, en una neumonía no habrá condensación ya que no hay leucocitos).

-Síndrome hemorrágico: manifestándose desde petequias hasta hemorragias cerebrales, por lo que su gravedad es variable.

-EXPLORACIÓN FÍSICA: gingivitis, estomatitis, faringitis o proctitis, esplenomegalia y hepatomegalia, linfadenopatías generalizadas (raro). Si se presentan debe orientar la anemia aplásica hacia algún proceso patológico asociado.


CRITERIOS DIAGNÓSTICOS


La prueba fundamental para realizar el diagnóstico de aplasia medular ante los resultados del hemograma (disminución de hematíes, leucocitos, plaquetas) es la biopsia de médula ósea, la cual muestra una visión global de la arquitectura medular, y revelará la ausencia masiva de tejido hematopoyético. El aspirado de médula ósea no es válido porque puede aspirarse un pequeño foco de hematopoyesis funcional, ya que la distribución de la aplasia en la medula ósea es heterogénea, coexistiendo áreas de celularidad conservada con otras vacías.

Generalmente, se utiliza para hacer el diagnóstico diferencial de las pancitopenias, entre ellas, la leucemia oligoblástica, aplasia medular, mielodisplasias, fibrosis medular, hiperesplenismo, anemia megaloblástica, etc (2).



Ilustración 1. Médula ósea con volumen adecuado de tejido hematopoyético (Fig.1) 
frente a médula ósea con pérdida considerable de tejido hematopoyético (Fig.2) (5)

-En médula ósea: <25% de tejido hematopoyético en la celularidad medular total (sustituido por adipocitos, fibroblastos, etc) (2).

-Criterios hemoperiféricos: al menos dos de los tres siguientes: neutrófilos <0,5x109/L; plaquetas <20x109/L; reticulocitos <20x109/L (2).

Los pacientes que cumplen estos criterios tienen pronóstico muy pobre, con una supervivencia media de 6 meses y un 20% un año de supervivencia (3).

Consideramos aplasia medular muy grave si el paciente presenta criterios de aplasia medular grave y la cifra de neutrófilos es <0,2x109/L (2).

Consideramos aplasia medular no grave o moderada si el paciente presenta hipocelularidad medular y pancitopenia (al menos dos de los tres siguientes: Hb<10g/L con reticulocitos <60x109, neutrófilos <1,5x109/L y/o plaquetas <50x109/L), pero no cumple los criterios de anemia aplásica grave o muy grave (2).

Respecto a la citogenética, algunos marcadores como la monosomía 7 pueden predecir riesgo alto de mielodisplasia y leucemia aguda. Además, también se destaca la citometría de flujo (anomalías de HPN en CD56 y CD59 indicando la presencia de enfermedades asociadas) y la resonancia magnética, la cual permite mostrar áreas de celularidad en la médula ósea de estos pacientes, y de forma secundaria pueden desarrollar mielodisplasia y leucemia aguda (3).


TRATAMIENTO


La supervivencia ha ido mejorando progresivamente en las últimas cuatro décadas gracias a avances en el trasplante de células hematopoyéticas, fármacos inmunosupresores y biológicos, y los cuidados de apoyo (6).

Todos los pacientes que cumplan criterios de anemia aplásica grave y que tengan menos de 50 años, deben ser sometidos a la valoración de trasplante de médula ósea, mientras que las transfusiones de componentes sanguíneos suelen minimizarse en estos casos por complicaciones y riesgos que ello conlleva (3).

En cuanto a las medidas generales de tratamiento, debemos considerar: si el recuento de granulocitos del paciente es menor de 500/microL, entonces, deben evitar contacto con personas infectadas. En caso de tener contacto con estos pacientes, se debe proceder al lavado de manos utilizando jabón bacteriostático, y si los pacientes están ingresados se emplearán medidas de aislamiento protegido, teniendo en cuenta que siempre se debe hacer un lavado de manos regular con antiséptico, de manera que también se reducen las infecciones cutáneas. 

Para reducir la bacteriemia de origen intestinal, se deben administrar antibióticos orales no absorbibles profilácticos, cotrimoxazol o ciprofloxacino (quinolona). Además, se deben utilizar bisturís eléctricos para evitar sangrado, cepillo de dientes suave, laxantes (evitando estreñimiento y sangrado rectal), y se deben evitar las inyecciones intramusculares (3).

En mujeres, se usan agentes anovulatorios para prevenir hemorragias menstruales, por ejemplo, Ovral en 1-2 cápsulas/día. Previamente, se puede detener con Premarín 25 mg vía intravenosa cada 6-12h hasta que cese la hemorragia. Si se interrumpe esta medicación, se puede producir un sangrado posretirada (3).

Reposición de productos sanguíneos


1.Transfusiones de concentrados de hematíes

Son necesarias si la Hb es menor de 8g/dL o hay clínica asociada significativa. Sin embargo, si los pacientes no padecen ningún tipo de enfermedad pulmonar o cardiaca, habitualmente toleran un valor de hemoglobina inferior a 8g/dL (por ejemplo, Hb 6g/dL) en un determinado período de tiempo (3).

2.Transfusiones profilácticas de plaquetas

Necesarias si el recuento es inferior a 10.000 por microlitro o signos hemorrágicos significativos. Cuando los pacientes se someten a repetidas transfusiones, se hacen refractarios (responden al conjunto de plaquetas de un tipo ABO específico de sangre), pudiendo beneficiarse de pacientes con un antígeno leucocitario humano (HLA) compatible (3).

3.Transfusiones de granulocitos

Hoy en desuso y no disponibles en la mayoría de los centros. No ayudan de forma preventiva, pero en episodios de infecciones bacterianas podrían ser eficaces si no han respondido a la terapia antibiótica administrada previamente. Se debe considerar la administración diaria de 1x1010 neutrófilos durante 4 a 7 días (3).

Tratamiento antibiótico

Se debe realizar una evaluación pretratamiento, indicando historia y exploración física; cultivos (sangre, orina, garganta, lesiones cutáneas o cualquier lugar de infección aparente). En caso de portar un catéter venoso, se debe extraer el cultivo del lugar de salida (3).

Los pacientes con signos de infección, como fiebre persistente, mientras reciben el tratamiento antibiótico de amplio espectro, deben recibir también antifúngicos de forma empírica (3).

El hecho de elegir un antibiótico u otro depende de experiencia institucional en infecciones y se debe ajustar después de determinar sensibilidades de los mismos.

Por ejemplo, un régimen que contenga penicilina semisintética (piperacilina), junto con un aminoglucósido (tobramicina o gentamicina), se consideran razonables. Si el paciente es alérgico a la penicilina, se sustituye por cefalosporina de tercera generación (ceftacidima). Además, si se sospecha infección por grampositivos, se añade la vancomicina (3).

Hay ciertas infecciones oportunistas que requieren tratamiento específico, como los hongos, nocardia, listeria, Pneumocistys carinii (3).

Factores de crecimiento hematopoyético

Debemos destacar que la anemia aplásica no se caracteriza por deficiencias de factores de crecimiento conocidos, a excepción del factor de células madre (SCF) (3).

Tanto el factor estimulante de colonias granulocíticas G-CSF (mejor perfil de toxicidad) como el factor estimulante de colonias de granulocitos-macrófagos GM-CSF mejoran recuento de neutrófilos, con mayor probabilidad de mejor respuesta en anemias aplásicas menos graves (3).

El G-CSF se utiliza en combinación con inmunosupresores para reducir la gravedad y la duración de la neutropenia, reduciendo incidencia de infecciones. Sin embargo, no hay evidencia de que pueda mejorar la tasa de supervivencia (3).

Hay evidencias, sobre todo en Japón, en las que pacientes tratados tanto con inmunosupresores y G-CSF pueden tener una incidencia mayor de evolución a mielodisplasia (3).

La eritropoyetina (EPO) sola no tiene un papel en el tratamiento de la anemia aplásica. La combinación (400 IU/kg tres veces por semana) con G-CSF (400 microgramos/m^2) ha mejorado la eritropoyesis en anemias aplásicas no graves (3).

Andrógenos

Su función principal es aumentar la producción de eritropoyetina y estimular la proliferación de progenitores eritroides y granulocíticos. Se ha demostrado que no han mejorado la supervivencia, pero de forma ocasional los pacientes podrían beneficiarse (3).

Deben ser considerados para pacientes no elegidos finalmente para trasplante de médula ósea, después de que hayan fallado los inmunosupresores. Se puede utilizar la Oximetalona 3-5 mg/kg diariamente vía oral durante 3-6 meses (3).

Trasplante de médula ósea

En pacientes con anemia aplásica grave y HLA idéntico del donante hermano menores de 40 años, el trasplante de médula ósea alogénico es el tratamiento de elección, considerando que un 30% de pacientes tendrán un donante aceptable. Se deben minimizar todos los productos de transfusión sanguínea antes del procedimiento en todos los candidatos (3).

En pacientes de 40 a 50 años con donante hermano de HLA idéntico también pueden someterse al trasplante, pero tienen mortalidad más alta y aumenta el riesgo de enfermedad injerto contra huésped (EICH) (3).

En pacientes mayores de 50 años generalmente no se asocian al trasplante de médula ósea, por la toxicidad asociada (3).

En caso de que un paciente tenga un donante gemelo idéntico, se le realice el trasplante y no tenga éxito, se debe hacer un segundo intento con acondicionamiento inmunosupresor (3).

Si un paciente no tiene un donante hermano idéntico, un donante de medula ósea HLA-compatible no familiar podría ser considerado si ha conseguido la supresión a la terapia inmunosupresora (3).


COMPLICACIONES DEL TRASPLANTE DE MÉDULA ÓSEA (3)

  • Rechazo del injerto
  • Enfermedad injerto contra hospedador o EICH (*la adición de globulina antitimocítica a ciclofosfamida y el uso de ciclosporina han reducido la incidencia del rechazo del injerto y EICH).
  • Neumonía intersticial
  • Infección, toxicidad orgánica (esclerodermia, cataratas, hipotiroidismo, disfunción gonadal)
  • Neoplasia (carcinomas escamosos, los más comunes)

A largo plazo, el estado funcional de los pacientes es excelente. La supervivencia es mayor en pacientes jóvenes menores de 20 años, en aquellos que no se hayan sometido a transfusiones, que no hayan recibido un trasplante anterior en su enfermedad y pacientes que estén en buenas condiciones globales sin ningún tipo de infección en el momento del trasplante (3).

Las tasas de mortalidad son indistinguibles de la población general en pacientes que viven 6 años después del trasplante en la anemia aplásica (3).


Tratamiento inmunosupresor (3)

Es el tratamiento de elección inicial en pacientes mayores de 40 años y sin emparejamiento con HLA de donantes hermanos. Por sí solo, GAT (globulina antitimocítica) es el agente más efectivo. Respecto a la dosis, tiene rango entre 10-20 mg/kg diario durante 8-14 días hasta 40 mg/kg diario durante 4 días. Se administra vía intradérmica.

La adición de ciclosporina A a la GAT puede reducir la necesidad de repetir ciclos de inmunosupresión. Su combinación es actualmente el régimen estándar para las anemias aplásicas graves. La ciclosporina se administra en una dosis total diaria de 12 mg/kg por vía oral, dividida en dos dosis durante 14 días. El tratamiento es continuo durante 6 meses, interrumpiéndose después o retirándose.

Para prevenir la reacción de la enfermedad del suero (complejos inmunes) durante el tratamiento con GAT se administra prednisona.

En la actualidad, la administración de los factores de crecimiento, específicamente G-CSF, no está recomendada de forma rutinaria durante la terapia inmunosupresora.

El tiempo medio de respuesta es de alrededor de 2 meses. La respuesta es gradual, suelen ser incompletas, con posible persistencia de anomalías residuales en el recuento de hemoglobina, neutrófilos o plaquetas.

La recidiva se produce en el 35% de los pacientes tratados con inmunosupresión y suele asociarse con ciclosporina continua o discontinua.

Los efectos tóxicos de la GAT incluyen linfopenia, neutropenia, trombocitopenia, fiebre, artralgias, exantema, infección, enfermedad del suero (>90%). La toxicidad de dosis elevadas de ciclosporina incluye azoemia moderada, daño hepático, hipertensión, síndrome neuropsiquiátrico.

Varios investigadores en Seattle valoraron el tratamiento de diferentes pacientes desde 1978 hasta 1991. Se basaron en la comparación entre los resultados del trasplante de medula ósea con la inmunosupresión en la anemia aplásica adquirida. Obtuvieron lo siguiente:

-La supervivencia actual a los 15 años del trasplante era del 69% y del 38% en los que recibían inmunosupresores. Solo uno de 227 pacientes que fue sometido a inmunosupresores recibió ciclosporina (3).

-La supervivencia a los 5 años para pacientes tratados con terapia inmunosupresora desde 1990 fue del 73%. La edad avanzada se asocia a peor supervivencia (3).

¿Qué sucede si la aplasia es refractaria o recae tras el tratamiento inmunosupresor inicial?

Se debe plantear el trasplante hematopoyético de donante no emparentado, haploidéntico o de sangre de cordón umbilical. En pacientes refractarios que no sean candidatos a trasplante se emplea el medicamento eltrombopag, el cual es un agente trombopoyético, y puede estimular la proliferación de células madre progenitoras residuales en pacientes con aplasia medular (2).

En 2017, se pudo establecer que, como monoterapia, aproximadamente el 45% de los pacientes presentaron respuesta hematológica al tratamiento con eltrombopag; no solo aumentaron el recuento de plaquetas, sino que también hubo incrementos significativos en niveles de hemoglobina y numero de neutrófilos. Se siguen planteando hipótesis de la adición del eltrombopag a la inmunosupresión estándar como primer tratamiento de aplasia medular estableciendo un aumento en la tasa de respuesta completa y mejoría de resultados a largo plazo (7).




BIBLIOGRAFÍA


1. Alqahtany FS. Idiopathic Aplastic Anemia in Children and Adults: Diagnosis, Treatments, and Management - A Review. Curr Pharm Biotechnol. 2020;21(13):1282-8. doi:10.2174/1389201021666191210141426 PubMed PMID: 31820683.

2. San Miguel JF, Sánchez-Guijo F. Manual Básico Razonado Hematología. Quinta. Elsevier; 1998. 314 p.

3. Mazza JJ. Hematología Clínica. Tercera. University of Wisconsin School of Medicine, Madison: Marbán; 2004. 532 p.

4. https://www.cun.es [Internet]. [citado 20 de marzo de 2026]. Aplasia medular. Tratamiento, definición y causas. Clínica Universidad de Navarra. Disponible en: https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/aplasia-medular

5. López ÁM. La Aplasia Medular Y El Fracaso Hematopoyético [Internet]. 17 de marzo de 2023 [citado 20 de marzo de 2026]. Disponible en: https://microbacterium.es/la-aplasia-medular-y-el-fracaso-hematopoyetico

6. Dolberg OJ, Levy Y. Idiopathic aplastic anemia: diagnosis and classification. Autoimmun Rev. 2014;13(4-5):569-73. doi:10.1016/j.autrev.2014.01.014 PubMed PMID: 24424170.

7. Townsley DM, Scheinberg P, Winkler T, Desmond R, Dumitriu B, Rios O, et al. Eltrombopag Added to Standard Immunosuppression for Aplastic Anemia. N Engl J Med. 20 de abril de 2017;376(16):1540-50. doi:10.1056/NEJMoa1613878 PubMed PMID: 28423296; PubMed Central PMCID: PMC5548296.