lunes, 6 de julio de 2026

Fisiología del hierro



Autor : Luis Fernández-Polanco Conderana

4º Curso Medicina grupo "D" (Curso 2025/26)

Código de trabajo : 2513-LFC




INTRODUCCIÓN



El hierro, desde el comienzo de su uso en la edad del hierro, ha sido identificado como una muestra de vitalidad y como sinónimo de civilización. Por contra, debajo de esta imagen de "inocencia biológica" que hemos asumido, encontramos un ion altamente reactivo que participa en algunas de las reacciones explosivas más violentas y tóxicas que la ciencia haya podido documentar.

Esto se explica gracias a la versatilidad electrónica que le permite su alternancia entre el estado ferroso (𝐹𝑒2+) y el férrico (𝐹𝑒3+), explicada en la reacción de Fenton.

𝑭𝒆𝟐+ + 𝑯𝟐𝑶𝟐 → 𝑭𝒆𝟑+ + 𝑶𝑯∙ + 𝑶𝑯−

En esta reacción, veremos como el hierro reacciona con el peróxido de hidrógeno para liberar radical hidroxilo (especie oxidante mas destructiva y reactiva hasta la fecha), siendo este el encargado de reaccionar en procesos como la reacción de la termita (reacción de alta energía donde el hierro presenta una violenta afinidad por el oxígeno, alcanzando los 2500ºC) hasta la ferroptosis, una devastadora forma de muerte celular férrica programada que trataremos en el siguiente repaso de la fisiología del hierro.



Importancia biológica e histórica del hierro


El hierro en la biología encuentra su reactividad química limitada, y se posiciona como un ion esencial para casi todos los organismos vivos. Lo encontramos, de este modo, coordinado por las cadenas laterales de ciertos aminoácidos como la histidina, la tirosina o el glutamato; en metaloproteínas encargadas de almacenar oxígeno, como la mioglobina; o en complejos macromoleculares de transporte sistémico, como la hemoglobina, entre otras muchas.

A pesar de su alta presencia en el suelo terrestre, lo encontramos en su forma férrica (de baja solubilidad) en las dietas vegetarianas o basadas en alimentos vegetales con una biodisponibilidad del 5-12%. Por el contrario, el hierro hemo (ferroso, la forma soluble antes mencionada) la encontramos en la carne de mamíferos, aves y peces, y se absorbe eficientemente, con una biodisponibilidad del 14-18%.

El organismo humano evolucionó en un entorno donde la deficiencia dietética de hierro era normal, y esto se refleja en los mecanismos de conservación y reciclaje interno del hierro. Aunque hoy lo suministremos de forma suficiente y nos podamos incluso exceder en el consumo de este, el organismo puede limitar la absorción dietética y evitar la toxicidad de la acumulación excesiva de hierro (1).


Células del Ciclo y Reciclaje del Hierro


En el humano adulto hay un promedio de 4 gramos de hierro en total, encontrándose mas de la mitad en la hemoglobina eritrocitaria. El resto lo encontramos de manera localizada en los órganos encargados del almacenamiento y transporte del hierro. 

Este ion es almacenado en forma de ferritina en los macrófagos hepáticos (que reciclan el Fe desde el bazo, liberado tras la eritroapoptosis, hasta la medula ósea, donde los macrófagos formarán los nidos eritroides, alrededor de los que se dispondrán los eritroblastos para obtener el hierro para formar el nuevo eritrocito). La ferritina es una proteína citoplasmática encargada del almacenamiento del hierro.

En el plasma encontramos solo 2-4 mg de hierro unido a la transferrina, una proteína transportadora. En el musculo lo encontramos almacenado en la mioglobina, una proteína que almacena O2 para su uso en los miocitos (1).

Finalmente, la hemoglobina de los hematíes acumula buena parte del hierro corporal.

De todas estas células mencionadas, la que más hierro acumula en proporción y con diferencia, como venimos diciendo, son los hematíes, con 1 mg/ml de volumen empaquetado. Es por esto que los hematíes lideran la tasa de reciclaje de hierro con unas cifras nada despreciables de 0,8% (15-20 mg) del total de hierro por día (teniendo en cuenta su vida media de 120 días de duración). Esto equivale a un 95% de hierro que es reciclado de esta manera (2).

Sorprendentemente, tras esta intensa reutilización del Fe por parte de nuestro organismo, hay algunas pequeñas perdidas normales de hierro (1-2 mg/ día) derivadas a la perdida de este por la descamación de células intestinales, cutáneas o por la pérdida de sangre menstrual en el caso de las mujeres. Estas pérdidas son compensadas con una mayor absorción de Fe dietético, representando un 5% de la renovación de hierro plasmático.



Imagen 1. Flujos principales de hierro y su regulación por hepcidina y ferroportina. 
El hierro en la transferrina se indica en azul, y el hierro en los eritrocitos en rojo. 
La hepcidina controla el flujo de hierro hacia el plasma induciendo la endocitosis y la 
proteólisis del exportador de hierro, ferroportina (marrón). (1)

En resumen, el organismo parece que mantiene una economía cerrada del hierro donde la absorción externa es mínima (1 a 2 mg/día) y el 90% de la demanda diaria es cubierta mediante el reciclaje de eritrocitos senescentes gracias a la acción de los macrófagos (2).



DISTRIBUCIÓN DEL HIERRO CORPORAL



Imagen 2. Eje homeostático sistémico y celular del hierro. 
Regulación de la absorción intestinal, el transporte plasmático y el reciclaje 
de hierro mediado por la interacción de la hepcidina hepática y la ferroportina tisular (5).


El hierro es absorbido por los enterocitos en el duodeno. 

El hierro no hemo en estado férrico es reducido por el citocromo b duodenal (DCYTB) a hierro ferroso, el cual puede ser transportado al interior de las células mediante el transportador de metales divalentes 1 (DMT1). 

Posteriormente, el hierro ferroso es liberado por los enterocitos a través de la ferroportina y oxidado bien por la hefaestina unida a la membrana, por ferroxidasas o por la ceruloplasmina (Cp).

En su estado férrico, el hierro puede cargarse en la transferrina, lo que permite su transporte por todo el organismo hacia las zonas de alta demanda de hierro, como la médula ósea, donde tiene lugar la producción de eritrocitos. 

Por otro lado, los eritrocitos senescentes son reconocidos y fagocitados por los macrófagos, siendo degradados a nivel intracelular. El hierro obtenido como parte de este proceso es secretado, almacenado en el interior de la ferritina o empleado como parte del pool o depósito de hierro lábil (3).

La hepcidina, el regulador maestro del metabolismo del hierro, es producida y secretada por los hepatocitos, donde su producción está regulada por los depósitos de hierro y los niveles de hierro plasmático. La hepcidina se une a la ferroportina (Fpn) e inicia así su internalización y degradación por parte de los enterocitos, macrófagos y hepatocitos, lo que se traduce en una reducción de los niveles de hierro en el plasma (4).


ABSORCIÓN INTESTINAL DEL HIERRO


Localización (Duodeno y yeyuno proximal)


La absorción de la mayor parte del hierro de la dieta se localiza de forma específica en el duodeno y en el yeyuno proximal. Esta delimitación anatómica y fisiológica responde a condiciones críticas del entorno intestinal:

La absorción del hierro depende estrechamente del estado físico del átomo de hierro. A pH fisiológico, el hierro se encuentra en su estado oxidado o férrico (Fe3+) el cual es altamente insoluble y tiende a formar óxidos que el organismo no puede absorber. El bajo pH del ácido gástrico que fluye hacia el segmento proximal del duodeno es indispensable para la homeostasis del hierro en el plasma. Este ambiente ácido permite que una enzima reductasa férrica unida a la membrana de la microvellosidad de los enterocitos, denominada citocromo B duodenal (Dcytb), reduzca eficazmente los iones férricos (Fe3+) insolubles en iones ferrosos (Fe2+) absorbibles (3).

Debido a la estricta necesidad de este gradiente ácido en el intestino proximal, el uso de fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP) como el omeprazol, reduce de forma severa la capacidad de absorción del hierro.


Hierro hemo y no hemo


El hierro disponible en la dieta humana se presenta en dos formas químicas cualitativa y cuantitativamente diferenciadas. Su absorción en el enterocito depende de manera absoluta de esta distinción estructural, la cual condiciona su solubilidad en la luz intestinal y su vulnerabilidad frente a factores externos.

Hierro Hemo

Este hierro proviene de fuentes alimentarias de origen animal, específicamente de la carne, las aves y los mariscos. Se encuentra integrado dentro de la estructura molecular de un grupo hemo, formando parte de las proteínas complejas hemoglobina y mioglobina. Para poder ser absorbido por el enterocito, el hierro debe mantenerse en estado ferroso (Fe2+) o presentarse protegido dentro de esta estructura proteica del hemo. El hierro Hemo es, con diferencia, la variante química más eficiente y más fácilmente absorbible por el organismo humano. Presenta una tasa de absorción neta muy elevada que oscila entre el 14% y el 18%, pudiendo llegar con algunos alimentos como los berberechos o las almejas hasta el 35% (las cuales aportan 24mg de hierro por cada 100g de producto ingerido).

A pesar de que el hierro hemo constituye una fracción minoritaria en la ingesta dietética total (predominantemente compuesta por alimentos vegetales o procesados), su altísima tasa de éxito en el transporte apical hace que represente el 10% o más de todo el hierro que el cuerpo logra absorber de manera efectiva (3).


Hierro No Hemo

Es la forma de hierro derivada de matrices vegetales (legumbres, verduras, cereales), así como de todos aquellos alimentos procesados que han sido artificialmente enriquecidos o fortificados con este mineral.

A pesar de su enorme abundancia relativa en el medio ambiente y en la dieta general, es una forma química sumamente inestable y difícil de absorber. El motivo bioquímico fundamental es que, en cuanto el hierro no hemo entra en contacto con el oxígeno, sufre un proceso de oxidación instantáneo que da lugar a la formación de óxidos de hierro altamente insolubles. Estos complejos cristalinos macromoleculares no pueden ser reconocidos ni procesados de forma directa por el aparato digestivo humano, quedando atrapados en la luz intestinal sin posibilidad de absorción.

Asimismo, para contrarrestar esta limitación física, los enterocitos humanos se ven obligados a poner en marcha una maquinaria enzimática específica en su membrana apical. El enterocito necesita regular y activar enzimas reductasas de superficie con el fin único de reducir el hierro férrico (Fe3+) insoluble a iones ferrosos (Fe2+) libres y solubles, que son los únicos capaces de atravesar el transportador de metales divalentes (DMT1) (3).


Repercusión Epidemiológica


El equilibrio entre estas dos formas de hierro es tan delicado que define la aparición de patologías a nivel global:

Aunque los requerimientos diarios absolutos del ser humano son relativamente bajos (basta con absorber 1 mg/10 mg de hierro total ingerido), el hierro se comporta frecuentemente como el nutriente que limita el crecimiento y desarrollo en la dieta. La baja tasa de absorción intrínseca del hierro no hemo explica por qué el consumo insuficiente o la baja biodisponibilidad de este mineral es la causa directa de la gran mayoría de las anemias detectadas en los países desarrollados, y de prácticamente la mitad de los casos de anemia reportados en las naciones no industrializadas.

Si bien la deficiencia es un problema de salud pública prioritario, el organismo debe regular con extrema rigidez la absorción de ambas variantes dietéticas para evitar el espectro opuesto: la sobrecarga de hierro. El exceso de hierro ferroso libre es altamente citotóxico debido a que desencadena la reacción de Fenton (ya mencionada en el apartado 1), un proceso químico donde el hierro libre cataliza la formación de radicales libres de hidroxilo dañinos. Estos radicales provocan estrés oxidativo severo, destruyendo lípidos de membrana, proteínas estructurales y ácidos nucleicos, lo que puede causar daños irreversibles en órganos diana como el corazón, el hígado y el sistema endocrino (3).

En los diferentes estudios realizados, se observan asociaciones positivas significativas entre la ingesta de hierro (productos cárnicos) con el cáncer de páncreas, pulmón (potenciado por mutágenos del cocinado) y mama en mujeres postmenopáusicas (incrementos del riesgo del 20-25%). La relación en el cáncer gastroesofágico sigue siendo controvertido debido a variaciones según el subtipo histológico y discrepancias entre los niveles de hierro dietético frente a los séricos. En varios subtipos tumorales se aprecia una marcada disparidad de riesgo según el sexo.

 

Absorción en el enterocito



Imagen 3. Mecanismos moleculares de la absorción de hierro
 en el enterocito duodenal (4)

El hierro no hemo férrico (Fe3+) es reducido a ferroso (Fe2+) por la ferrireductasa de membrana DCYTB e internalizado a través de DMT1, un proceso acoplado al gradiente de protones mantenido por el intercambiador NHE (lo veremos más adelante). El hierro hemo se internaliza en endosomas (con participación discutida de HCP1) y se degrada mediante la hemo-oxigenasa (HO). El hierro de la ferritina se procesa por vía lisosómica. 

Tras confluir en el pool intracelular, el hierro libre puede almacenarse en la ferritina citoplasmática o ser exportado a la circulación a través de la ferroportina 1 (FPN1) basolateral; este último paso requiere la reoxidación a Fe3+ mediada por la hefaestina (HEPH) para permitir la unión del metal a la transferrina plasmática. El soporte energético y el equilibrio iónico basal dependen de la bomba sodio-potasio ATPasa (4).




TRANSPORTE PLASMÁTICO DEL HIERRO



Generalidades


La transferrina es una glucoproteína plasmática sintetizada sobre todo en los hepatocitos y constituye una de las principales formas de transporte de hierro plasmático. La transferrina, más concretamente, es un péptido libre llamado apotransferrina, que al unirse al hierro circulante en el plasma sufre un cambio conformacional. Su función es tomar unir de manera reversible el hierro férrico absorbido a nivel intestinal o que haya sido liberado desde los depósitos tisulares para distribuirlo en los órganos que dependen del hierro para llevar a cabo sus funciones de manera correcta.

Concretamente, el principal lugar de transporte es la medula ósea dado que requiere del aporte de hierro para la síntesis de hemoglobina normofuncionante. Tal es la asociación que la totalidad del hierro plasmático está ligado a la transferrina, alcanzando una tasa de renovación del complejo transferrina-hierro de 10-12 veces al día, siendo principalmente para satisfacer las necesidades de la eritropoyesis. Cada molécula de transferrina posee dos sitios de unión de alta afinidad para Fe³⁺, lo que permite mantener el hierro en una forma soluble y que no afecte a nivel circulatorio de manera patológica.

Además, la transferrina no es solo un transportador sino que además cumple una importante función homeostática férrica limitando la disponibilidad de hierro libre y por tanto evitando que se generen especies reactivas de oxígeno y el daño oxidativo asociado a estas.

La transferrina se subdivide en tres subgrupos: la transferrina sérica, lacto transferrina y melanotransferrina. Como habíamos mencionado, todas estas proceden de la síntesis hepática y se distribuyen en distintas zonas del organismo. Las células epiteliales mucosas son las productoras de lactotransferrina, que se encuentra en secreciones corporales como la leche materna, con propiedades como es ser antioxidante y antiinflamatoria (5).



Transferrina y sus receptores. Mecanismo de internalización del hierro.


En el mundo de los mamíferos, la mayoría integran el hierro a través de endocitosis mediada por receptores de la proteína sérica transferrina. En este casi es sobre todo el TfR1 el receptor de transferrina el que culmina con la endocitosis. La transferrina diférrica se une al receptor -1 de la transferrina (TfR1), que es un homodímero en un complejo con el MHC de clase I, la HFE (la cual es deficitaria en hemocromatosis hereditaria) y la β 2-microglobulina.

TfR1 es ubicua mientras que TfR2 predomina a nivel hepático (su defecto también se ha asociado con hemocromatosis hereditaria). Esta se internaliza en la membrana junto con su receptor y el hierro es liberado a los endosomas. En el compartimento estromal se somete a esta unión a un pH ácido, que permite que se libere el Fe³⁺mientras que la unión apotransferrina-TfR1 vuelve a externalizarse en la membrana celular, y a pH neutro la apotransferrina se suelta de su receptor para continuar el ciclo.




Imagen 4. Ciclo endocítico de la transferrina y su receptor. 
La holotransferrina (Tf-Fe3+) se une al receptor de transferrina (TfR1), 
es internalizada por endocitosis y, tras la acidificación del endosoma, libera el hierro. 
El Fe3+ es reducido a Fe2+ por STEAP3 y transportado al citoplasma por DMT1. Posteriormente, la apotransferrina permanece unida al receptor y ambos son reciclados a la membrana plasmática (6).



Por otra parte, encontramos el transportador de metales divalentes (DMT1), encargado del transporte unido a protones. Este es miembro de la familia Nramp de transportadores metálicos y es una proteína con 12 dominios, el cual actúa de simportador acoplado a protones que se caracteriza por tener una estequiometria de 1 Fe2+:1 H+ (es decir, por cada átomo de hierro transporta un protón), interviniendo también de forma parecida en el metabolismo de otros metales divalentes como el manganeso.

Esta forma de liberación unida a protones es la mejor para la extracción del Fe2+ de medios ácidos como es el endosoma, y que así este pueda llegar a las mitocondrias para la conformación grupos hemo y por tanto hemoglobina (según la teoría de “besar y huir”, el hierro es cedido directamente desde los endosomas a las mitocondrias). Es por esta misma razón, que encontraron en el ratón de Belgrado (deficitario en el gen DMT1) que internaliza el hierro en el endosoma, pero no es capaz de externalizarlo, por lo que el Fe quedaba encerrado dentro del endosoma. Esto al ratón le causaba una anemia funcional, es decir, tenía hierro dentro de sus células, pero no podía usarlo.

Como ya se ha mencionado antes, esta también toma partido en la absorción intestinal del hierro, ya que el DMT1 está presente en el duodeno. El Fe3+ se reduce en el borde en cepillo por el citocromo B duodenal, y posteriormente se transloca el Fe2+ por DMT1 a través de la membrana apical (7).




ALMACENAMIENTO DEL HIERRO



La ferritina: estructura y funciones


La ferritina es probablemente la molécula de hierro más estudiada después de la hemoglobina. Esta es una proteína intracelular de almacenamiento de hierro, que se caracteriza por ser resistente a desnaturalizantes e incluso al calentamiento, superando incluso los 80ºC. Esta se encarga de contener núcleos de hierro grandes y densos en electrones y provoca anticuerpos de alta afinidad en tal de facilitar su reconocimiento así como su ubicuidad (8).

Las ferritinas son moléculas que se pliegan en formas de haz de 4-helice y al unirse forman una capa proteica casi esférica con simetría. Esta capa proteica es la encargada de albergar la gran cavidad donde van a almacenarse hasta 4000 átomos de Fe por molécula de ferritina. En conjunto su estructura y su función hacen que parezcan “jaulas de hierro” (9).

Para el almacenamiento del hierro primero se encargan de reaccionar con el Fe2+ e inducen su oxidación para que se depositen dentro de esa cavidad formando un oxohidróxido férrico. La reacción de oxidación es prácticamente análoga a la que ocurre en las células y de esta manera compacta hierro de forma segura y accesible.

Después de la hemoglobina, la ferritina es el mayor almacén de hierro. Sobre su liberación se sabe menos pero se sabe que el núcleo es muy estable en ausencia de agentes reductores, no intercambia moléculas y solo quelantes fuertes del hierro como pueden ser la desferroxamina, son capaces de provocar que se libere lentamente desde el núcleo.

La estructura de la ferritina está rigurosamente conservada en bacterias, plantas y animales, pero también lo están los estímulos básicos que regulan su expresión que son la disponibilidad del hierro y la respuesta al estrés oxidativo. Esto tiene una justificación clara, y es que la función principal y común de todas las ferritinas no es otra que secuestrar el hierro y consumir dioxígeno y peróxidos, eliminando el exceso de radicales libres. En caso de que no hubiera ferritina disponible por defecto patológico o porque los “almacenes” estuvieran llenos, se acumularía hierro y tendríamos como resultado el desarrollo de la reacción de Fenton, con la liberación de radicales reactivos propia. Esto produciría el ataque a los fosfolípidos de la membrana plasmática, causando la peroxidación lipídica masiva de membranas celulares y el colapso de los sistemas antioxidantes (glutatión). A través de este proceso la célula moriría y es lo que conocemos como ferroptosis (8).


Hemosiderina


La hemosiderina es una forma de almacenamiento intracelular del hierro que se genera cuando la cantidad de hierro supera la capacidad de almacenamiento de la ferritina. Se trata de un agregado insoluble y heterogéneo, compuesto por productos de degradación lisosomal de la ferritina, proteínas y hierro en forma férrica (Fe³⁺). Se localiza principalmente en los macrófagos del sistema reticuloendotelial y en los hepatocitos, constituyendo una reserva de hierro menos disponible para la movilización que la ferritina (8).


Regulación de la ferritina


En el metabolismo de la ferritina, la desintoxicación se ver favorecida por que la síntesis de proteínas adicionales de hierro favorece la entrada de este al citosol para su almacenamiento. Este sistema se llega a cabo después de la transcripción implicando la eliminación de un inhibidor traslacional llamadas proteínas de respuesta al hierro (IRP1 e IRP2) unidas a un elemento de respuesta al hierro (IRE) a la región traducida UTR del ARNm de la ferritina. El resultado de “quitar el freno” es una traducción rápida y marcada, la formación de ARNm y por tanto la codificación de la ferritina. De esta manera, siempre que entre hierro al citosol celular o se absorción directa mediante DMT1 y ZIP14 , habrá ferritina dispuesta a captarlo y con espacio suficiente, además de que se produce mas ferritina. Por el contrario, este sistema es bidireccional y cuando pierde o se elimina hierro, las concentraciones de ferritina y la expresión de esta disminuye.

Así el organismo, con un sistema dinámico y adaptativo, se prepara con moléculas de ferritina suficientes y sobrantes para poder hacer de almacén y desintoxicar para evitar o minimizar el daño oxidativo y, como resultado, el hierro intracelular que haya será el que determine la velocidad de producción de e la ferritina y sus concentraciones.

El principal regulador de la ferritina, por tanto, queda claro que es el hierro intracelular a través de la regulación de la producción del ARNm de ferritina, sin embargo, no solo regula la ferritina sino que también regula otras proteínas implicadas como el TfR1 (receptor de transferrina 1) que media la mayor parte de la absorción del hierro celular (como hemos visto en puntos anteriores), entre otras (como la ferroportina, δ-amino levulinato sintasa...).

Como ya hemos mencionado varias veces a lo largo de la revisión, los hepatocitos (es decir, el hígado) son el principal punto de almacenamiento y regulación del hierro, dado que aproximadamente un tercio del hierro lo encontramos en estos y en los macrófagos hepáticos del sistema reticuloendotelial hepático, almacenado en forma de ferritina principalmente y si las reservas son elevadas en forma de hemosiderina (10).



HOMEOSTASIS DEL HIERRO



Hepcidina, el regulador maestro del hierro


Tras haber mencionado las moléculas mas importantes en el metabolismo del hierro, no podíamos olvidarnos de su principal regulador. La hepcidina actúa como un regulador negativo sobre las reservas de hierro, de manera que cuando aumentan los niveles de hierro aumentaran los niveles de hepcidina producida por el hígado. Esta actuará sobre los sitios de absorción (enterocitos en el duodeno), sobre los sitios de almacenamiento (hepatocitos) y sobre el sitio de reciclaje (hepatocitos), consiguiendo así una disminución en la liberación de hierro de estos tejidos. De manera opuesta, si encontramos demanda eritropoyética, los niveles de hepcidina disminuirán para aumentar la disponibilidad de hierro para la producción de glóbulos rojos.




Imagen 5. Regulación de la expresión de proteínas FPN inducida por hepcidina
 durante cambios en los niveles sistémicos de hierro (11).



La hepcidina ejerce su función a través de la unión e inducción de internalización de la ferroportina (FPN), siendo este el único exportador de hierro conocido hasta el momento. La ferroportina la encontraremos en distintos tipos celulares como son los enterocitos, los macrófagos y los hepatocitos, y en estos esta será la responsable de sacar el hierro de las células.

A su vez, la hepcidina, está influenciada por una gran cantidad de estímulos externos e internos como son la hipoxia, la inflamación o la saturación de la transferrina.

En la siguiente tabla se recoge un resumen completo de la regulación del hierro (11) :


Tabla 1. Regulación del hierro según hierro intracelular 
en distintas situaciones (click para aumentar)





PARÁMETROS DE LABORATORIO DEL METABOLISMO DEL HIERRO


En esta tabla resumen extraída de los datos de uno de los estudios de los que se compone este trabajo (12) quedan reflejados los datos y valores normales de laboratorio básicos e interpretación de los mismos sobre el metabolismo del Fe.

 

Tabla 2. Resumen de los parámetros del metabolismo del hierro (12) (click para aumentar).




CONCLUSIONES


Como hemos visto, el hierro es de una importancia vital para muchos procesos biológicos, especialmente la síntesis de hemoglobina, por lo que su homeostasis ha de ser mantenida de forma estricta y regulada para evitar los extremos de déficit y de toxicidad.

Este equilibrio como observábamos iba a ser mantenido por la absorción a nivel intestinal, por el sistema de reciclaje reticuloendotelial (macrófagos) y el consumo de hierro por parte de la medula ósea para la eritropoyesis, siendo casi la totalidad de hierro utilizado para la nueva formación de eritrocitos el hierro reciclado por macrófagos.

En relación con las alteraciones de este sistema veremos patologías de gran importancia en la practica clínica como la anemia ferropénica, la anemia de trastornos crónicos y las sobrecargas férricas hereditarias o adquiridas, como la hemocromatosis. Aunque no las hayamos tratado en profundidad por no ser el tema a tratar, sí que nos dejan patente la importancia del mantenimiento del hierro a nivel fisiológico.

Finalmente, hemos podido observar como el metabolismo del hierro es un sistema altamente eficiente que guarda un riguroso equilibrio entre absorción, almacenaje, reciclaje y regulación hormonal determinando así la disponibilidad de hierro para la eritropoyesis y el mantenimiento de la homeostasis sistémica.




BIBLIOGRAFÍA


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